Plusvalía en Quito: ¿qué áreas se benefician realmente con el Metro?
El Metro de Quito no generó la plusvalía inmobiliaria esperada. Estudios revelan impactos desiguales, con zonas que ganaron valor y otras que no

Estaciones. En la Pradera, por ejemplo, no se evidenció un plusvalor en zonas próximas a la estación.
La inauguración del Metro de Quito estuvo acompañada de una promesa ambiciosa: transformar la movilidad de la capital y, al mismo tiempo, detonar la plusvalía inmobiliaria en su entorno. Reducir tiempos de viaje y mejorar la conectividad norte–sur parecía suficiente para revalorizar el suelo cercano a las estaciones. Sin embargo, los resultados observados hasta ahora muestran un escenario más complejo, desigual y, en varios sectores, distante de lo que anticipaba la teoría urbana.
Expectativa alta, efectos desiguales
Durante la fase de construcción, las áreas aledañas a las estaciones atrajeron compradores e inversionistas bajo la premisa de que la cercanía a un transporte masivo robusto eleva automáticamente la demanda y los precios de la vivienda. Pero los análisis técnicos matizaron esa idea: la revalorización del suelo es multicausal y no puede atribuirse a una sola obra.
Un estudio del Centro de Investigación Urbana del Colegio de Arquitectos de Pichincha, previo a la apertura del sistema, subrayó que la plusvalía depende de tres grandes motores: (1) la planificación urbana (cambios de uso, densidades y alturas), (2) las inversiones públicas de gran escala —como el Metro— y (3) el dinamismo económico general de la ciudad. Ninguno actúa de forma aislada.

Sur. En la Magdalena sí hubo un aumento. En el sector se desarrolla un proyecto inmobiliario.
Lo que dicen los datos
Mediante un modelo de precios hedónicos —que evalúa múltiples shows del inmueble y su entorno— se analizaron cerca de 60 variables; 24 resultaron significativas. La cercanía al Metro fue una de ellas, pero no necesariamente la más determinante.
El estudio delimitó zonas de influencia caminables reales (500 y 800 metros), evitando medir “en línea recta”. Allí emergió un hallazgo clave: estar demasiado cerca de una estación puede generar desamenidades (ruido, congestión, comercio informal) que incluso provoquen minusvalía. En promedio, viviendas a 100 metros de paradas de bus registraron precios hasta 11 % menores, y las próximas a estaciones del Metro alrededor de 2,2 % menos. Es decir, el impacto negativo fue menor que el de otros nodos de transporte, pero no hubo plusvalía inmediata generalizada.
Otros factores pesaron más: viviendas nuevas valen más que las antiguas; la cercanía a parques incrementa precios; equipamientos como centros educativos tienen efectos mixtos; y los centros de salud, cuando están próximos, sí aportan valor.
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Seis meses después: ganadores y rezagados
Un segundo análisis, ya con el sistema en operación, agrupó estaciones por comportamiento. En el sur —Cardenal de la Torre, Magdalena, Morán Valverde, Quitumbe y Solanda— se observó plusvalor. En sectores como Jipijapa y Universidad Central, el patrón fue irregular. En áreas del norte y centro —Iñaquito, El Ejido o La Pradera— no se evidenció un incremento claro, incluso en predios frentistas.
¿Por qué el impacto es limitado?
Especialistas coinciden en que una sola línea restringe el efecto urbano. A diferencia de redes integradas como Madrid o París, donde la malla completa reconfigura la localización económica, en Quito la cobertura aún es parcial. Sin incentivos claros, estímulos al sector privado y una gestión activa del entorno de estaciones, el Metro no termina de mover la aguja inmobiliaria.
El urbanismo coincide: donde hay renovación del espacio público y control del comercio informal, la percepción mejora y el valor acompaña. Donde eso no ocurre, aparecen riesgos de deterioro urbano y pérdida de atractivo.
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Balance
El Metro cumple un objetivo central de movilidad, pero su promesa inmobiliaria sigue a medio camino. La experiencia quiteña confirma que el transporte masivo es condición necesaria, no suficiente, para crear plusvalía. Sin planificación fina, incentivos y gestión del espacio público, el impacto será desigual —y, en algunos casos, contrario a lo esperado.