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Diario Extra Ecuador

Quito: La historia de una manabita que conquista la capital con su sazón en la Juan León Mera

María Moncerrate Cedeño lleva 10 años vendiendo bollos, bolones, empanadas de verde y más en el sector La Mariscal, centro - norte de la ciudad

María llegó a Quito hace poco más de 10 años y se instaló en La Mariscal para trabajar.

María llegó a Quito hace poco más de 10 años y se instaló en La Mariscal para trabajar.Angelo Chamba

Miguel Ángel González

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María Moncerrate Cedeño, de 40 años, afronta las frías mañanas capitalinas con el fin de ofrecer a sus clientes un desayuno rapidito y delicioso. Se trata de una variedad de bolones, empanadas, muchines y bollos con un buen café caliente.

Su puestito se ha convertido en sinónimo de sabor y concentra a personas que buscan matar la ‘leona’ con lo que cocina esta manabita de nacimiento, pero quiteña de corazón.

Lleva 10 años vendiendo sus productos en un cochecito que, desde las 07:00, se instala en la avenida Juan León Mera, en las afueras del Mercado Artesanal de La Mariscal, en el centro-norte de Quito. Con su trato afable, la clientela se le acerca con confianza para solicitar cualquiera de los manjares que aprendió a preparar en su terruño.

“Yo llegué hace poco más de 12 años hasta Quito por motivos personales desde Chone, donde yo vivía. Durante un tiempo estuve trabajando con una señora que vendía lo mismo que yo. Fue entonces que me dije: ‘Yo también puedo hacer esto, pero para mí’”, reflexionó la emprendedora mientras ponía en el aceite hirviendo un par de empanadas de verde delante de sus clientes, quienes esperaban ansiosos sus pedidos.

Los platillos en la Juan León Mera

Entre sus especialidades están los bollos de camarón.

Entre sus especialidades están los bollos de camarón.Angelo Chamba

Fue así que decidió comprarse su coche metálico, que tiene incorporada una cocina, donde se preparan los alimentos. María Moncerrate cuenta que su trabajo no es nada fácil, por lo que ha recurrido a la ayuda de dos personas.

“Lo primero que hacemos es comprar los productos frescos; la materia prima, que es el verde o la yuca. Una vez que los tenemos listos, los preparamos para vender. Siquiera, unas 500 unidades diarias”, estimó.

Para tener a punto los bolones (de chicharrón o de queso), los muchines, las empanadas, etcétera, ella y sus trabajadores se meten a la cocina durante cinco horas. Lo hace desde que termina su jornada en la mañana, dependiendo del movimiento cotidiano.

Cuando hace sus productos, se extiende hasta las 14:00, con el fin de tener todo listo para el siguiente día. “Esto me ha permitido mantener y sacar adelante a mis cuatro hijos”, cuenta con orgullo esta vendedora que se levanta a las cuatro de la mañana para dirigirse a su negocio.

Con su esfuerzo ha logrado que dos de sus hijos lleguen a ser profesionales, siendo uno profesor y otro ingeniero. Otro tuvo que dejar sus estudios por un tema personal y ahora tiene que apoyar a la menor de sus hijos, quien todavía cursa el colegio.

Cada platillo cuesta entre 50 centavos y un dólar. Hay días en los que ofrece bollos con arroz, corviches y más delicias que se acaban ‘al paso’, porque la ‘leona’ no espera.

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