¿Cómo sería Quito en 10 años? Expertos alertan sobre transporte, inseguridad y crecimiento
Con elecciones adelantadas, Quito renueva su esperanza de cambio. Los problemas son estructurales, el principal: se la sigue administrando como hace 20 años.

En varias calles de la capital hay desorden.
Quito no puede explicarse por problemas aislados. El tráfico, la inseguridad, la expansión sin control y el deterioro ambiental forman parte de un mismo cuadro: una ciudad que crece, pero no se ordena.
A puertas de las elecciones seccionales, los nombres ya empiezan a desfilar, aunque no las propuestas concretas para una capital que atraviesa un momento crítico. No solo por lo que ocurre hoy, sino por la falta de decisiones estructurales que permitan cambiar el rumbo.
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“Quito hoy en día carece de un proyecto de ciudad y al carecer de un proyecto de ciudad, carece también de una visión de futuro”, advierte el concejal Andrés Campaña.
Para Paco Moncayo, exalcalde de Quito, el escenario puede escalar rápidamente: “Si seguimos como estamos vamos a tener un infierno urbano” .
Movilidad: fragmentada, sin eje y con presión económica
El transporte es el punto donde convergen varias de las fallas estructurales de Quito. El sistema sigue sin integración real entre Metro, buses y corredores, pese a que debía concretarse en 2024 .
Tampoco se ha ejecutado el rediseño de rutas y frecuencias, lo que mantiene un esquema desordenado. “Hoy por hoy, el transporte de pasajeros en Quito es una verdadera bomba de tiempo”, advierte el concejal .

El transporte urbano es uno de los factores de contaminación.
El Metro, aunque es la principal obra de la ciudad de los últimos años, no logra sostener el sistema.
Según el urbanista Fernando Carrión, moviliza entre 160.000 y 170.000 pasajeros diarios, muy por debajo de los 400.000 proyectados. “No logra convertirse en el eje estructural de la movilidad”, señala.
A esto se suma un problema financiero. El sistema depende del presupuesto municipal, mientras el transporte superficial sigue sin modernización.
El contexto económico agrava el escenario. La eliminación del subsidio al diésel ha puesto a los transportistas en una posición más complicada. “Existe muchísima presión por aumentar el pasaje, por disminuir frecuencias”, advierte Campaña .
Además, los recortes a transferencias municipales limitan el financiamiento del Metro, Trole y Ecovía. “Se están recortando los recursos y sin recursos va a empeorar”, añade .
Desde otra mirada, Moncayo cuestiona la lógica de inversión. “El metro es la troncal, pero no se puede salvar el cuerpo solo porque funciona el corazón”, afirma.

En las últimas semanas se han registrado retrasos en los trenes del Metro de Quito.
El resultado es una ciudad con más vehículos particulares —cerca de 600.000— y un transporte público que no logra competir.
Contaminación, servicios al límite y sin política pública
El crecimiento del parque automotor y la falta de control inciden en la contaminación del aire, el ruido y el deterioro del entorno urbano. Pero el problema es más profundo. Tiene que ver con cómo se gestionan los recursos y los servicios.
Uno de los datos más críticos es el tratamiento de aguas residuales: apenas el 3% recibe procesamiento . Esto afecta directamente a ríos como el Machángara, cuya descontaminación sigue pendiente.
El crecimiento urbano también presiona sistemas básicos. En sectores como Nayón, las redes de agua ya no alcanzan para cubrir la demanda .
Moncayo advierte que la ciudad está retrocediendo. “Teníamos sistemas para proteger el agua, el aire, invertíamos en proyectos ambientales”, recuerda, al cuestionar la pérdida de esas políticas .
Además, señala el abandono de proyectos urbanos y espacios públicos que debían consolidarse como ejes de desarrollo. “El problema ambiental no es solo contaminación: es falta de continuidad en la planificación”, agrega el exalcalde.
Expansión sin control y una ciudad mal entendida
Quito crece, pero no se planifica en función de ese crecimiento. “Más del 70% de las construcciones en Quito son ilegales”, advierte Campaña . Esto genera presión sobre servicios, infraestructura y territorio.
La expansión hacia laderas y zonas de riesgo es una de las principales consecuencias, pero al mismo tiempo ocurre otro fenómeno: el centro se vacía.

El crecimiento demográfico se extiende hacia las laderas.
Carrión explica que ya no se trata de migración campo-ciudad, sino de desplazamientos internos. “Lo que estamos teniendo es una migración urbana”, señala .
La población se traslada hacia los valles, generando “vacíos urbanos” en zonas tradicionales como La Mariscal o ejes clave de la ciudad.
Moncayo hace otro cuestionamiento: Quito sigue siendo gestionada como si no hubiera cambiado. “Estamos tratando a Quito como era en el pasado, no se ha modernizado la gestión con las nuevas características que ya tiene”, cuestiona .
El resultado es una capital que se expande sin control, mientras pierde coherencia interna. “No es posible que, por ejemplo, Conocoto siga siendo administrada como una parroquia rural”, espeta.
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Daniela Moina
Seguridad: nuevas dinámicas en una ciudad más violenta
La inseguridad también forma parte del escenario. “El país es cada vez más violento y su capital también tiene esa tendencia”, advierte Carrión.
Pero el fenómeno no es uniforme. Tiene una lógica territorial. En zonas centrales predominan robos y microtráfico; en periferias, el narcotráfico se vincula a almacenamiento y consumo. “Cada zona genera dinámicas distintas de violencia”, explica el experto.
A esto se suma el desorden ciudadano como estacionarse en ciclovías, mal estacionarse, ensuciar la ciudad. Además, la capacidad de respuesta es limitada. El Municipio no contaría con herramientas suficientes para enfrentar una criminalidad más compleja.

La contaminación de ríos es una de las promesas fallidas de varias administraciones,
“La seguridad es una competencia del Gobierno Nacional, pero en lo que depende del Municipio como el espacio público tampoco tiene la capacidad. La Agencia Metropolitana de Control tiene solo 1.000 funcionarios para tres millones de habitantes”, explica el edil.
Gobernabilidad
Detrás de todos estos problemas el factor común es la política. “Quito tiene una crisis de representación”, advierte Carrión .
La fragmentación del Concejo, la debilidad de los partidos y la falta de mayorías dificultarían la toma de decisiones estructurales. Esto se traduciría en baja ejecución presupuestaria, retraso en proyectos y falta de continuidad en políticas públicas.
Moncayo lo resume en términos más directos: una ciudad sin liderazgo, sin planificación y con decisiones marcadas por el corto plazo. “Se toman decisiones basadas en lo que conviene políticamente y no en la que la ciudad necesita. Ahí ya todo se cae”, asevera Moncayo.

Una de las consecuencias del crecimiento desordenado es la falta de servicios públicos en barrios irregulares.
Eso también se traduce en que no existan grandes obras, a excepción del metro. “El mismo túnel Guayasamín estaba pensado para que sean dos, pero lo dejaron ahí”, advierte.
Las tres voces coinciden en algo: Quito está en un punto crítico. “Si seguimos como estamos vamos a tener un infierno urbano”, advierte Moncayo .
La ciudad no ha colapsado. Pero la tendencia preocupa y, aunque los entrevistados no aterrizaron en un ejemplo concreto de lo que sería la capital en unos años con falencias estructurales, el escenario no es alentador.
¿Hay salida? El espejo de Brasil
Pese al escenario, hay referencias que podrían orientar soluciones. Carrión apunta a las ciudades brasileñas como ejemplo de reformas institucionales. “Permiten contar con alcaldes de mayoría y construir gobernabilidad”, sostiene .
La clave de esto estaría en el Código de la Democracia que, al modificarse, podría dar a las ciudades la opción de una segunda vuelta electoral, como consecuencia habría menor fragmentación política, y mayor capacidad de gestión local.
El exalcalde Moncayo, por su parte, plantea una salida concreta: reorganizar el territorio con alcaldías menores.
La idea apunta a dividir la administración en zonas con mayor autonomía operativa, que permitan responder al crecimiento y mejorar la prestación de servicios. “Sí, hay Administraciones Zonales, pero no tienen capacidad de ejecución de presupuesto”, explica Moncayo.
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