Socavón en Pomasqui: erosión del río Monjas avanza a pesar de ordenanzas y sentencias judiciales
La quebrada del río Monjas sigue cediendo en el norte de Quito. Moradores denuncian obras a medias y reubicaciones temporales, aunque sí hubo presupuesto

Un tramo de la avenida Simón Bolívar está en riesgo de colapsar debido al talud en la cuenca de río Monjas.
La erosión avanza más rápido que la respuesta municipal. Así lo describen vecinos de Pomasqui, donde un socavón se abre a lo largo de la quebrada del río Monjas, la misma que más adelante bordea la avenida Simón Bolívar.
Lo que ocurre en este sector no es un hecho aislado, sino parte de un problema estructural que atraviesa toda la cuenca.
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“Cuando llueve, la tierra tiembla”
Para Ana Lucía Gómez, el peligro es permanente. Cuenta que el Municipio debía ejecutar un enrocamiento para frenar la erosión del río Monjas, pero los trabajos quedaron inconclusos.
“Vinieron, pusieron unas piedras y se fueron”, asevera. Desde entonces, cada aguacero acelera el desgaste del suelo. “Cuando llueve, la tierra tiembla”, advierte.
El socavón ya se llevó galpones, terrenos con frutales y la mitad de un taller de cerrajería. En otros casos, vecinos evacuaron de madrugada cuando patios y garajes comenzaron a colapsar. “Estamos a unos 10 metros del borde”, señala.
Un colector bajo las casas
Al otro lado de la quebrada, Rosa Encalada apunta a una causa clave del deterioro: un colector de aguas servidas que pasaba bajo su vivienda, dentro de la misma quebrada del río Monjas.
“Eso se nos fue llevando mucho terreno. Era de las aguas servidas que bajan de todo Quito”, explica.

Varias calles están cerradas en Pomasqui debido al inminente peligro.
Según la vecina, el colector debilitó el suelo y aceleró el desmoronamiento de la ladera. Encalada vive 22 años en el sector y rechaza que el problema tenga que ver con una ocupación irresponsable.
“Antes era un riachuelo de agua limpia, tenía ojos de agua. El río cambió cuando mandaron todas las alcantarillas ahí”, afirma. Donde antes había cerca de 30 metros de terreno, hoy queda un borde inestable.
Ayuda temporal
Las afectadas coinciden en que no existe un plan claro de reubicación. “Nos dieron unos 700 dólares para tres meses de arriendo, pero somos cinco y no alcanzó”, cuenta Encalada, quien regresó a la vivienda en riesgo porque no puede sostener un alquiler.
Gómez agrega que, en otros casos, los vecinos “solo sacaron sus cosas y se fueron”, sin acompañamiento posterior ni soluciones definitivas.
Falta de prevención
Estefanía Pabón, representante de la Fundación Quebradas Vivas, subraya que el caso de Pomasqui refleja lo que ocurre en toda la quebrada del río Monjas.
“La erosión hídrica sigue aumentando por la contaminación de los ríos. Las acciones que se han hecho hasta ahora no están ayudando”, señala.
Pabón advierte que la misma quebrada presenta otros puntos críticos aguas abajo, incluso cerca de la Simón Bolívar. “Las autoridades actúan cuando ya hay una desgracia completa”, alerta.
Mientras el invierno continúa, vecinos como Gómez y Encalada repiten la misma frase: “Perderíamos todo”. La quebrada del río Monjas sigue cediendo en Pomasqui y deja al descubierto una deuda pendiente: la prevención.
Presupuesto sí hubo, pero no acción
A estas voces se suma la de la concejala Cristina López, quien recuerda que la problemática del río Monjas ya fue advertida oficialmente.
“En enero de 2022 hubo una sentencia de la Corte Constitucional que ordenaba al Municipio ejecutar obras de mitigación en esta cuenca”, señala.
En julio de 2023 se aprobó la Ordenanza Verde Azul, que obligaba a mitigar riesgos y a crear una dirección específica para la gestión de estas cuencas hídricas. Sin embargo, López sostiene que las acciones urgentes no se ejecutaron a tiempo.

Varias casas ya son inhabitables, pues ya tienen daños estructurales.
“Han pasado dos alcaldías y, pese a la ordenanza, no se hicieron las obras que debían ejecutarse. Hoy están en riesgo las casas y también la Simón Bolívar”, advierte.
Frente al argumento de la falta de recursos, la concejala afirma que sí existió presupuesto, pero no ejecución. “Emseguridad dejó de ejecutar 8 millones de dólares; Hábitat y Vivienda, 10 millones; y Obras Públicas, alrededor de 40 millones”, detalla.
“Recursos había. Lo que faltó fue gestión y priorizar lo urgente”.
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