Los secretos que esconde la cara que la Luna nos oculta: ¿por qué es crucial para el futuro?
La misión Artemis II superó los límites de la era Apolo para documentar un territorio inaccesible a las señales de radio terrestres

Fotografía cedida por la NASA de una instantánea capturada por la tripulación de la misión Artemis II
El comandante Reid Wiseman y su tripulación vivieron este lunes un momento histórico: observaron paisajes que ningún ser humano había presenciado jamás.
Al sobrevolar la cara oculta del satélite, la misión Artemis II de la NASA no solo cumplió un hito visual, sino que pulverizó el récord de distancia espacial al alejarse 400.171 kilómetros de la Tierra, superando la marca que el Apolo 13 estableció hace más de cincuenta años.
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Investigar esta región resulta vital porque funciona como una cápsula del tiempo. A diferencia de la cara visible, el lado oculto posee una corteza mucho más gruesa y antigua.
Según explicó David Galadí Enríquez, profesor de la Universidad de Córdoba, en The Conversation, la influencia térmica de la Tierra durante la formación lunar provocó que el lado lejano se enfriara antes, preservando un relieve accidentado lleno de montañas y cráteres que no existen en el lado que vemos.
La rotación y el silencio radial
Mucha gente cree erróneamente que esta zona permanece siempre a oscuras, pero en realidad recibe tanta luz solar como la cara visible. El fenómeno de "rotación sincrónica" —donde la Luna tarda lo mismo en girar sobre su eje que en rodear la Tierra— es lo que impide que la veamos desde nuestro planeta.
Esta característica técnica genera el mayor desafío para la ciencia: el silencio radial. Como la Luna bloquea las ondas directas, las agencias espaciales necesitan naves puente para comunicarse.

El lado oculto de la Luna es crucial para el futuro de la exploración espacial.
Martin Barstow, de la Universidad de Leicester, comentó a The Guardian que se requiere de satélites en órbita para retransmitir órdenes, un riesgo que China ya asumió con sus exitosas sondas Chang'e 4 y Chang'e 6, las cuales recolectaron muestras físicas del terreno.
Un registro del impacto cósmico
Desde la cabina de la nave Orion, los astronautas documentaron el Mare Orientale, un gigantesco mar lunar de 930 kilómetros de ancho. Kelsey Young, científica jefe de Artemis II, explicó a la revista Nature que este cráter es fundamental para entender cómo los impactos de asteroides moldearon el sistema solar hace 4.000 millones de años.
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Además de su geografía hostil, el lado oculto guarda sorpresas térmicas y químicas. Investigaciones recientes del Museo de Historia Natural de Londres, citando a la experta Sara Russell, sugieren que esta zona es mucho más fría (hasta 100 grados menos que la cara visible) y posee menos agua.
Estos hallazgos refuerzan la teoría de que los meteoritos trajeron la mayor parte del agua lunar, dejando en el lado oculto un mapa árido y gélido que la humanidad apenas comienza a descifrar.