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Aprenden braille para entregar sus tareas

La maestra Lucrecia Montenegro pedía que le leyeran los escritos de sus alumnos. Ahora ellos escriben y leen en un 80 por ciento en este sistema para ayudarla en su labor.

PROFESORA NOVIDENTE
Lucrecia era profesora de Educación Física antes de perder la vista.Henry Lapo/ EXTRA

Los chicos de noveno de básica del colegio Leonardo Ponce, ubicado en el sector de La Florida, en el norte de Quito, prestan atención a las indicaciones de su profesora Lucrecia Montenegro.

En la pizarra se divisan algunos puntos, que para la mayoría serían indescifrables, pero los muchachos los deletrean con facilidad. Si Lucrecia necesita movilizarse en medio del aula, sus alumnos la guían delicadamente, aunque ella la conoce a detalle, a través del tacto. Cuando habla dirige su rostro hacia su interlocutor, pues tiene un pequeño remanente de vista que le permite al menos distinguir donde están las personas. Sus ojos y boca están maquillados, su cabello teñido y bien peinado, así como sus uñas pintadas dejan ver su interés por estar atractiva.

“El hecho de que tenga discapacidad visual no quiere decir que no tenga derecho a ser vanidosa”, bromea mientras se sienta en uno de los pupitres del aula. Coloca sobre él unas hojas que tienen cuentos en braille, con las palmas de sus manos siente el alto relieve que dejan los pinchazos de las agujas en el papel. Son historias que han desarrollado sus estudiantes, sencillos y llenos de fantasía.

Ella es profesora de proyectos escolares en este curso y cada uno expone los avances de los semilleros que tienen a su cargo. Marjorie, por ejemplo, ha plantado menta y cuenta que la germinación avanza sin problemas, que ha seguido las indicaciones de su maestra y que cuida diariamente de la planta. La joven, de 16 años, también tiene discapacidad visual y como Lucrecia ha sorteado varias dificultades por su condición.

Una rutina normal

El día de Lucrecia inicia antes de que se divisen los rayos de sol de la mañana, pues tiene que preparar refrigerios para su esposo, su hija y nieta. Se encarga de los quehaceres domésticos, como barrer, lavar platos, tender camas, limpiar polvo y sobre todo de preparar el almuerzo.

Antes del mediodía llega al colegio, desde su casa en la ciudadela Atahualpa, en el sur de Quito. Cuando a su hijo no le es posible llevarla, Lucrecia no tiene problema para movilizarse en transporte público.

“Necesito tomar dos o tres buses para ir de la casa al colegio o viceversa. Aunque resulta difícil lidiar con la incomprensión de la gente”, comenta. Da sus clases en las tardes, de lunes a viernes, y regresa a casa. Ya sabe donde hay semáforos inclusivos de los que además de cambiar de colores, emiten un sonido para que las personas con discapacidad puedan cruzar sin riesgos. En la noche ayuda con las tareas escolares de su nieta y comparte en la cena las novedades del día con la familia.

Fue perdiendo la vista

A pesar de que está acostumbrada a vivir entre sombras, Lucrecia, de 50 años, no siempre tuvo esta realidad. Cursó sus estudios normalmente y siempre quiso ser profesora de educación física, algo que logró por 12 años. Pero el desprendimiento de retina le quitó de a poco estas posibilidades.

“No sabía que tenía la enfermedad y menos que el esfuerzo físico iba a acelerar el proceso de desprendimiento”, afirma. Después de saber que perdería la vista totalmente se quedó en casa por 13 años, cuidando de sus hijos hasta que decidió enfrentarse a sí misma.

“Pasé años en la desesperanza y creí que nunca iba a ser normal, hasta que me rehabilité. Esto duró un año”, comenta. A partir de su recuperación cuenta que perdió el miedo a la sociedad y a las barreras arquitectónicas que se encuentran en las calles de la gran ciudad.

“Antes, ser una persona ciega significaba mendicidad, tener algún puesto de teléfono en los mercados, no se aspiraba a nada más”, recalca.

Obstáculos educativos

Marjorie tiene 16 años y cursa el noveno de básica, es callada, responde solo a lo que le preguntan. Cruza los brazos y levanta poco la cabeza. Es la cuarta de seis hermanos. “Mis compañeros me ayudan a encontrar las cosas o me guían en lugares del colegio que no conozco bien”, detalla la joven.

La solidaridad entre los compañeros regulares y no videntes es notoria. Sin embargo, su experiencia no siempre fue buena, ya que le cerraron las puertas de muchos colegios con el argumento de que “ella podría sufrir bullying y que no podría acoplarse a las tareas”, dice. En otras instituciones sus compañeros no la entendían, le ponían el pie para que cayera o se burlaban de ella.

¡Pilas con esto!

Carta Magna, artículo 47

“El Estado garantizará políticas de prevención de las discapacidades y, de manera conjunta con la sociedad y la familia procurará la equiparación de oportunidades para las personas con discapacidad y su integración social...”.

Ley orgánica de Educación

Esta ley contiene los principios que rigen el Sistema de Educación Superior en el país. El artículo 71 dice que: “El principio de igualdad de oportunidades consiste en garantizar a todos los actores del Sistema de Educación Superior las mismas posibilidades en el acceso, permanencia, movilidad y egreso del sistema, sin discriminación de género, credo, orientación sexual, etnia, cultura, preferencia política, condición socioeconómica o discapacidad”.

Instrumentos

Las regletas braille son instrumentos para la escribir en este sistema, suelen estar hechas de plástico o metal. Constan de dos planchas, la superior tiene las celdas braille alineadas en filas y columnas, la placa inferior tiene los puntitos que marcarán el carácter braille. Entre ambas planchas se coloca el papel donde quedarán señalados los caracteres.