Esmeraldas agoniza en la soledad; sus habitantes la abandonan por la seguridad

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Esmeraldas agoniza en la soledad; sus habitantes la abandonan por la seguridad

Aunque no hay cifras oficiales, existe un desplazamiento interno, como consecuencia de la violencia criminal. En el centro de la capital provincial han aumentado los avisos de venta de casas, departamentos y negocios. Algunos no quieren volver.

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Muchos inmuebles de la ciudad se ofertan en venta o en alquiler.Redacción Extra

A Esmeraldas la recuerdan como alegre, cálida, festiva y de gente hospitalaria. En resumen, una ciudad llena de vida y colores. Sin embargo, ahora sus nativos e hijos adoptivos saben que la violencia en la ciudad se ‘pasea’ por las calles “como mosquitos en enjambre”, según Laura, nombre protegido de una servidora pública. No encuentran tiempo para relajarse sin ponerse en peligro, porque ya ni a los balcones o a los portales de las viviendas pueden asomarse con tranquilidad.

Uno de ellos es Byron quien se marchó de su natal Santo Domingo y dirigió su mirada hacia Esmeraldas. Tierra fértil (pensó en aquel momento) para asentar su negocio de venta de repuestos para celulares en la calle Bolívar, en el ‘bulevar’ de la capital provincial. Y le iba bien hasta hace dos semanas, cuando decidió clausurar este capítulo de su vida. 

Ha vuelto a sus raíces, empujado por las balas de sicarios y asustado por los charcos de sangre de las 186 víctimas que hasta el jueves 26 de mayo se registraban, por una ola de violencia sin precedentes. Lo hizo por sus dos hijos menores de edad. “Uno de los bienes más sagrados es la seguridad y en Esmeraldas eso ya no existe. Ni siquiera se puede caminar tranquilo en las calles por temor a los robos y sicariatos”. Así justifica su escape.  

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Manuela no ha huido, pero tuvo que cerrar una boutique que hace dos meses montó en pleno casco comercial por los constantes asaltos, robos, muertes violentas y extorsionadores.

186 víctimas de muertes violentas se han registrado en la provincia, hasta el jueves 26 de mayo.

La gente dejó de ir a su negocio y las ventas bajaron. Despidió a las dos colaboradoras y llevó su tienda a la internet. Ahora solo vende en línea. “La violencia y la delincuencia mataron el comercio en Esmeraldas. De qué sirve abrir un negocio si no hay nadie que te compre. La gente ya no sale de sus casas por temor a que les roben o los maten”, expresa con desconsuelo.

Basta recorrer la avenida Simón Bolívar, el equivalente a la 9 de Octubre de Guayaquil, para constatar cómo la actividad comercial agoniza por el miedo. Solo en esa zona, que comprende unas siete cuadras, han cerrado unos 35 negocios en los últimos dos meses, según estimaciones de la Cámara de Comercio local.

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En el centro de la ciudad el movimiento comercial se ha reducido y algunos locales han cerrado.Redacción Extra

Y los negocios que aún subsisten no tienen a quien venderle. Los esmeraldeños salen de sus casas únicamente para lo necesario y a las 18:00 dejan de atender, cierran sus puertas y el centro muere. Lo mismo ocurre en otros sectores de la ciudad. “A las siete de la noche ya tenemos que estar encerrados en las casas por temor a que nos asalten o nos caiga una bala perdida”, exclama Nora, propietaria de un local de repuestos.

Un posible escenario plantea Galo Cabanilla, economista y catedrático universitario: el cierre de negocios podría transformar las ciudades en ‘pueblos fantasma’. “Es lo que sucede en varias zonas de la Sierra donde la mayor parte de la población ha decidido migrar al exterior. En esos puntos ahora solo se ven casas construidas en su totalidad pero abandonadas”. 

El panorama es más dramático en el malecón del balneario Las Palmas. Allí la visita de turistas es nula, los negocios abren al mediodía y cierran a las 18:00. En el restaurante Rico Paisa, Belizario, su dueño, suprimió cuatro puestos de trabajo debido a que las ventas bajaron. “Así no se puede laborar, la gente se está yendo, los servicios básicos suben y los ingresos bajan porque no hay turismo. El futuro no es alentador”, vaticina Belizario.

Actualmente, Esmeraldas registra en promedio 1,2 muertes cada día. Si esa media se mantiene, al final del año habrá unos 455 casos, lo que representaría un incremento del 201 % con relación a 2021.

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Jazmín Caicedo tiene una heladería en Las Palmas. Sus ventas también cayeron en un 80 %. Al día no vende más de 10 helados, y eso cuando la jornada es buena. “Estoy pensando en irme a Santo Domingo o a Quito, porque aquí ya no es posible vivir tranquilos”. 

En términos de desarrollo, los negocios son los que mantienen vivas a las ciudades. Si cierran, estas podrían llegar a convertirse en pueblos deshabitados, reflexiona el economista Galo Cabanilla. 

Los avisos de venta o alquiler de casas y departamentos también se han multiplicado en las últimas semanas en el centro y en el sector de Las Palmas. Algunos se han marchado a urbanizaciones cerradas ubicadas en la periferia. Otros, simplemente, dejaron la ciudad.

Algunos más solo piden a Dios protección y misericordia, como Laura, quien es madre de tres, una adulta y dos menores de edad. “Vivimos llenos de terror. Me ha tocado estar a tres cuadras de donde hay una balacera y causa miedo que en algún momento seamos nosotros los heridos por las balas perdidas”, dice reafirmando el temor que sienten los lugareños.

Los que miran desde afuera

Y el miedo no solo afecta a quienes se han establecido allí, sino también a un pilar importante de la economía de la ciudad: el turismo.

Para Jorge Benítez, presidente de la Cámara de Turismo de Esmeraldas, sin seguridad no hay oferta turística que valga. “Tenemos que vender a los turistas la imagen de una ciudad segura, pero eso no es posible ahora con tantas muertes”, resume Benítez. 

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En el malecón del balneario Las Palmas, los locales de comida ya no reciben turistas.Redacción Extra

Desde su perspectiva, el Gobierno debe elaborar de forma urgente un plan integral de seguridad para Esmeraldas, que esté acompañado de recursos para su ejecución. Pero aclara que más allá de la presencia de policías en las calles, el plan de seguridad integral ofrecido por las autoridades es una incógnita aún. 

Sobre esto el ministro del Interior, Patricio Carrillo, ha mencionado que es necesario militarizar la región, así como otras zonas, entre ellas Guayaquil y Durán, mientras se ejecutan las políticas públicas necesarias y se trabaja en la prevención.

Si las muertes siguen con la misma regularidad, se espera que para diciembre de 2022 Esmeraldas llegue al menos a tener 455 víctimas de hechos violentos.

Esto último también resalta Alba Troncoso, docente de 59 años que residió por 33 años en el corazón de Esmeraldas y a la que considera como suya a pesar de haber regresado a Guayaquil, su ciudad natal, casi dos años atrás.

“Yo, cada vez que venía de visita a Guayaquil, defendía a mi Esmeraldas, porque yo me sentía segura. Podía salir sin problema con alhajas y nadie me hacía nada”, recuerda.

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"Recuerdo que la importadora Betty era la más visitada del centro. Ahora me dicen que ya no está, que ha cerrado”.
Alba Troncoso, quien residió en Esmeraldas por 33 años

Resalta que al haber laborado siempre en una escuela ubicada en la zona rural, debía viajar tres horas para llegar, es decir que dejaba su casa a las 04:00 y nunca tuvo miedo. No obstante, sus amigas que se mantienen en este centro de estudios le cuentan que esa rutina no es sostenible, porque “la inseguridad está a cualquier hora”.

¡Cuidado con la aporofobia!

Los conflictos en la zona norte del país no son recientes, afirma el especialista en derechos humanos y movilidad Elmer Mendoza. “La presencia de la institucionalidad del Estado es precaria y frágil en la zona de frontera, específicamente en Esmeraldas, y esta es una de las causas de la migración interna que se está experimentando”, expone.

Sostiene que los lugares predilectos serían Santo Domingo, Ibarra y Quito por su mayor cercanía. Mientras que más al sur, Guayas, en especial Guayaquil y Milagro, son los destinos más buscados para asentarse en su ‘huida’.

Él llama a tener cuidado con la aporofobia, que representa el miedo a la pobreza. “Si llegan muchos europeos a Ecuador, tal vez los arrendatarios con los que hagan negocio les pregunten si no conocen a otro extranjero más para alquilar. Pero si va una esmeraldeña, hasta le dicen que no tienen lugar, aunque ella tenga el dinero para pagarlo”. 

Tienen que lidiar con el estigma

El sociólogo Milton Calderón afirma que los desplazados tienen un peso, aparte del movimiento que están realizando, del que ocuparse: el estigma.

Compara Guayaquil y la Provincia Verde y asegura que, a diferencia del Puerto Principal, lo que las personas piensan primero cuando escuchan Esmeraldas es ‘violencia’. Mientras que la urbe porteña ha sido históricamente conocida por ser la ciudad y el lugar comercial y financiero donde se asientan quienes vienen desde otros puntos del país.

“Hay personas que llegan a un territorio y dicen ‘Yo vengo de San Lorenzo’ y enseguida causan temor. Incluso para tomar un taxi generan esto, porque son sectores que se han construido sobre la idea de peligrosidad”, explica Calderón.