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En Pifo se camuflaron crímenes en serie

La detenida por la muerte de sus dos hijos y un joven estaría inmersa en el asesinato de otro hombre. Además, habría intentado matar a familiares.

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La mujer fue llevada al Centro de Rehabilitación Social de Cotopaxi.Cortesía

María Caiza, acusada de matar a sus dos hijos y a un joven en Pifo, nororiente de Quito, podría convertirse en la primera asesina en serie de la capital en este año. Su sello era envenenar a sus víctimas.

Así lo descubrió la policía investigando el caso, que se hizo público el pasado 28 de octubre, cuando fueron hallados los cuerpos de los niños de 9 y 5 años, así como de Jaime Yanchaguano, de 26, dentro de la casa que Caiza arrendaba.

Pero esto no sería todo. A la mujer se le adjudica la muerte de otra persona identificada como Marco Escanta, de 48 años, quien fue encontrado sin vida dentro de un domicilio, también en Pifo, el pasado 11 de junio, luego de una reunión social.

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La sustancia fue encontrada en tres vasos cuando hallaron los cuerpos de los niños y del hombre.Cortesía

Fausto Olivo, jefe nacional de la Dinased, dijo que Escanta pereció por una intoxicación y que, al principio, no se consideraba como muerte violenta. Sin embargo, en la escena se encontraron huellas dactilares de una mujer en botellas de cerveza.

Estas mismas huellas se hallaron en tres vasos en el lugar donde murieron los dos niños y Yanchaguano. Los agentes determinaron que pertenecen a Caiza. “Al realizar un cotejamiento entre ambos hechos (de junio y octubre), se llegó a esta conclusión”, informó Olivo.

Ni la familia se libró

Mientras las indagaciones avanzaban, los miembros de Criminalística y de la Unidad de Muertes Violentas de la Dinased hallaron aún más. Caiza y su familia se reunieron en un inmueble de Pifo el pasado 2 de septiembre y ocurrió algo parecido.

Ella supuestamente dio veneno a su madre, a su padre y a otros siete hermanos. “De lo que sabemos, ocho parientes se curaron sin inconvenientes, pero la progenitora de la sospechosa quedó con un derrame cerebral”, detalló Iván Naranjo, jefe del Departamento de Muertes Violentas.

Un mes más tarde, Caiza contrató a Bertha Sinche, de 48 años, para que cuidara a sus dos niños. La policía supo que la sospechosa le ofreció un líquido antes de entrar a la vivienda para evitar un contagio por COVID-19. Pero cuando la indagada pidió ayuda, explicó a los socorristas que Sinche tuvo un ataque de epilepsia.

Con esto, ella habría intentado desviar el verdadero origen de las convulsiones: la víctima fue envenenada.

Crímenes en serie

Según Carlos Perugachi, jefe de Criminalística, todos estos elementos les permitieron a los investigadores catalogar los casos como asesinatos y tentativas de asesinatos en serie. “Podemos observar que los hechos tienen un patrón similar y es la manera en la que la víctima es sometida por la victimaria”.

Además, el oficial indicó que el sello que ‘caracterizó’ a Caiza fue la utilización de sustancias tóxicas que provocaron la muerte de las cuatro personas y los daños en los sobrevivientes.

Ahora se investigará si Caiza es responsable de otros crímenes.

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