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Las raptaron por sus bicicletas

Tres ciclistas profesionales fueron asaltadas violentamente en la Ruta Viva, en Quito. A una le clavaron un destornillador en la clavícula.

ROBOBICIS
Las afectadas son ciclistas profesionales que iban a un encuentro pero el hampa las detuvo.Cortesía

A María (nombre protegido) lo único que la consuela es que no la asesinaron ni la violaron al momento que la raptaran para robarle. “Es lo más positivo que se puede sacar de todo esto”, dice un poco aliviada.

Ella y dos amigas fueron abordadas por tres sujetos que les quitaron dos bicicletas valoradas en 10 mil dólares, en la avenida Simón Bolívar, por la Ruta Viva, centro-sur de Quito.

Las víctimas iban en vehículo por ese sector, ya que se dirigían hacia la provincia de Bolívar a un encuentro de ciclismo femenino profesional, el sábado. “En ese punto nos esperaba una amiga a la que íbamos a recoger”, cuenta María, quien manejaba el auto.

Se estacionó para que la chica se subiera y en ese momento un tipo abrió la puerta del copiloto, amenazando con cuchillo a una de las pasajeras.

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Las bicis tienen un valor de, al menos, 10 mil dólares.Cortesía

De pronto, otros dos hombres se embarcaron al auto y golpearon a María con una barra en la cabeza, la espalda, los brazos. Le clavaron un destornillador en la clavícula, le amarraron las manos y luego la mandaron al asiento de atrás.

“Mis dos amigas quedaron paralizadas del miedo”, narra la perjudicada. Uno de los tipos condujo el auto mientras las víctimas eran sometidas por los armados.

Llegaron hasta Lomas de Puengasí –tras recorrer 17 kilómetros hacia el sur– y apareció una camioneta blanca vieja. Los tipos se bajaron y tomaron las bicicletas para embarcarlas en el otro carro que fugó del sitio.

Entre tanto, las tres fueron llevadas hasta el sector de La Argelia, en el sur. “Nos amenazaban diciendo que si los veíamos, nos matarían”, relata la deportista.

Los sujetos tomaron las llaves, se bajaron del auto y las arrojaron dentro de una alcantarilla. María, al verse a salvo, se soltó de sus amarras y pidió ayuda. Nadie la socorrió.

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Entonces buscó las llaves y logró recuperarlas. Manejó hasta una gasolinera y llamó a la Policía. “La comunidad de ciclistas fue más eficaz y ahora sabemos de quiénes se trata”, explica la joven al referirse a las identidades de los ladrones.

Supo que son personas que se dedican al robo de bicicletas bajo pedido y cuyos mercados generalmente se encuentran en Perú. Lo que más lamenta es que se perdió todo el esfuerzo que hizo para conseguir aquel equipo, aunque agradece el estar con vida.

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