Ecuador
Aventura en Atacames: Un peñón donde puede admirar el mar y conocer una leyenda
Este mirador a 80 metros de altura atrae visitantes todo el año gracias a su clima. Al subirlo conoce de un relato que aún palpita en la memoria colectiva

En la cima se aprecia un horizonte azul que parece no tener fin.
El Peñón del Suicida, el emblemático mirador en la provincia de Esmeraldas, cautiva a turistas nacionales e internacionales durante todo el año. Desde sus 80 metros de altura, ofrece panorámicas espectaculares de los paisajes costeros.
El viaje hacia la cima comienza con el murmullo constante del Pacífico golpeando la costa de Súa, parroquia rural del cantón Atacames. En la caleta pesquera, el aire salobre se mezcla con el aroma del pescado fresco y el humo de las cocinas tradicionales.
La subida es un tránsito entre lo humano y lo sublime. Al recorrer las escalinatas de bambú, la vegetación se vuelve densa y exuberante; helechos, cocoteros y arbustos floridos desprenden un perfume húmedo y selvático. El sol, filtrado entre el follaje, ilumina el sendero con destellos dorados, guiando al viajero hacia este balcón natural que regala un horizonte azul.

La belleza natural desde lo alto del peñón.
El origen de su nombre
En la parte más alta, el viento sopla con fuerza, trayendo consigo el eco de un relato que aún palpita en la memoria colectiva. El nombre del peñón se debe a la trágica historia de la princesa Súa y el capitán de León, amantes condenados por la diferencia de razas y un cruel engaño. La joven, creyendo muerto a su amado, se lanzó al vacío desde este acantilado; tiempo después, el capitán decidió seguirla en un acto de amor desesperado. Este mito, transmitido por generaciones, dota al lugar de un simbolismo melancólico.
El turismo, motor económico de la región, encuentra en este fenómeno natural una de sus mayores atracciones, sumando al encanto del peñón la magia de la fauna oceánica.
La experiencia se completa con la gastronomía local, un festín de sabores con encocaos de mariscos, ceviches frescos, arroz marinero y el tradicional tapao se sirven acompañados de agua de coco recién extraída.
El Peñón del Suicida no es solo un mirador: es un espacio donde historia, cultura y naturaleza se entrelazan en un poema visual inolvidable.

Al subir puede admirar parte de la vegetación.