Conciencia Positiva: la iniciativa que convierte el baile en refugio emocional en Guayaquil
Ana Rivas divide sus días entre su trabajo y el proyecto que creó para promover el bienestar emocional: Conciencia Positiva

Anita Rivas saca a la gente a bailar para olvidarse del miedo que aprieta.
La música empieza a fluir y, de a poco, la vergüenza se suelta. En la calle Panamá, en el Malecón 2000, en Las Peñas o incluso en Montañita, decenas de personas —a veces cientos— terminan ‘hipnotizados’, bailando entre desconocidos.
La gente mueve el cuerpo, agita los brazos, sonríe, canta y suda. Se cruzan, se sueltan, intercambian parejas. El suelo vibra con el ritmo… y con esa alegría contenida que por fin encuentra salida.
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Detrás de esas escenas está Ana Rivas, o Anita, como le dicen sus amigos. Es la creadora de ‘Baila la Calle’, una iniciativa que busca recuperar el espacio público a través del baile, pero que ya va más allá: se ha convertido en una especie de terapia colectiva frente a los males que golpean al país.
Su rutina, sin embargo, es otra. Todos los días se levanta a las 05:00 para viajar hasta La Troncal, donde trabaja en una empresa agroindustrial, a cargo del área de responsabilidad social. Las noches y los fines de semana los dedica a Conciencia Positiva.
A ella le gustan ambos mundos. “La verdad, siento que me pagan por hacer lo que me gusta. No siento que vaya a trabajar”, dice.
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No lo hace sola
Junto a Javier Zambrano, su gran amigo, conocido como DJ Jazzam, arma la curaduría musical. Él mezcla en los eventos. Suenan salsa, merengue, cumbia, bomba… y sobre esos ritmos también discuten.
“Él me dice que ya es hora de meter bachata. Nos han pedido disco y, obviamente, reguetón”, cuenta. Pero esos géneros aún no entran en su repertorio.
Su “crew”, como llama a su equipo, está conformado por unas quince personas.
En pleno centro de Guayaquil, en las calles Imbabura y Panamá, el edificio Queirolo esconde una escalera oscura. A medida que se suben los cuatro pisos, aparecen mensajes pegados en las paredes: “Respira y continúa”, “¡Toma una pausa!”, “¡Tú puedes todo!”. El último advierte: “¡Ya falta poco para llegar!”. Y entonces, se abre la puerta… y entra la luz.
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Conciencia Positiva es una terraza en el último piso, con vista al cerro del Carmen. Hay paredes de colores, murales hechos por amigos de Ana, como Daniel Ochoa y Damián Vásquez, plantas por todos lados y un leve olor a incienso mezclado con jazz suave.
Por ese espacio han pasado sesiones de yoga, talleres de danza libre y encuentros artísticos. Unos 300 eventos.
Aunque Ana no siempre está, el lugar nunca queda solo. Agustín, el ‘king’, como le dice Jazzam, y Blondie, sus dos gatos, “cuidan” la casa.
Ana vive justo detrás de la terraza. Su sala está llena de cuadros de colores sobre una pared verde limón. Al pie, un sillón cubierto con un edredón azul y blanco, como un tablero de ajedrez.
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El origen: migración y salud mental
Conciencia Positiva nació en 2019, cuando Anita trabajaba en la embajada de Ecuador en Nueva York. Allí vio de cerca las dificultades de los migrantes: estrés, ansiedad, jornadas largas y casi nula conciliación entre vida y trabajo.
De esa realidad surgió la idea de crear espacios de contención emocional y conversación sobre salud mental.
Ese mismo año trajo el proyecto a Guayaquil, al corazón de la calle Panamá. Primero fue virtual, durante la pandemia, con entrevistas y encuentros semanales con psicólogos, artistas y gestores culturales para hablar de bienestar y ansiedad.
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Con el tiempo, se transformó en un movimiento que combina talleres, actividades culturales y encuentros comunitarios.
Hoy funciona como un centro cultural y una plataforma que impulsa yoga, mercaditos y eventos artísticos. Su cara más visible es ‘Baila la Calle’.
La primera edición fue un golpe inesperado. “Confirmados por inscripción teníamos 50 personas. Nos llegaron 500, sin permiso, sin convocar medios de comunicación, sin nada”, recuerda, aún asombrada por aquella fiesta del 21 de noviembre de 2025 en la Panamá.

Malecón 2000 también fue escenario de una de las ediciones de Conciencia Positiva.
"Mi cable a tierra"
“Es mi cable a tierra. Uso Conciencia Positiva como el ancla que me trae a la vida”, define Ana. Además, asegura que el yoga le ha ayudado a sobrellevar un dolor crónico en una pierna, causado por tres hernias en la columna, de las cuales se niega a operarse.
Pero no solo dirige, también vive el proyecto. Participa en las fotos que publica en redes sociales y cuida la narrativa de cada imagen.
“Trato de encontrar el momento preciso, cuando la gente está en algarabía, en ese pico de emoción, para tomar la foto. Esa es la imagen que va a identificar cada evento”, cuenta. Durante las tres o cuatro horas que dura un encuentro, recorre el espacio y captura esos instantes.
“Conciencia Positiva se trata de estar ahí, de hacer que las cosas pasen, de brindarles esa subida cálida cada vez que vienen acá”, dice.
Por eso nunca faltan el té ni las frutas para compartir. Y en una ciudad atravesada por el miedo, Ana apuesta por lo contrario: salir, encontrarse… y no dejar de bailar.