Exclusivo
Buena Vida

Así se ve Guayaquil desde La Perla

La noria guayaquieña es ahora el atractivo del Malecón 2000.

Imagen 14877275_337876553232344_987276511_n (21549600)
La vista desde una de las cabinas de La Perla.Extra

El reloj marcaba 14:30. Es miércoles 27 de octubre. El sol guayaquileño pega fuerte; como casi todos los días aunque para los niños que juegan en el Malecón 2000 eso no parece importar. Desde el 25 de octubre ambiente se siente distinto; como que hay más movimiento de personas. Ese día se inauguró La Perla, la rueda moscovita que ahora es otro de los atractivos de Guayaquil.

La hora ayudó. La fila para subir a la rueda no era larga. Tres señoritas atendían rápidamente en la boletería. En la taquilla se puede encontrar un letrero con todos los horarios y precios, mientras que a la derecha de la boletería se indican las precauciones que deben tener en cuenta los usuarios. Antes de ingresar un amable señor con una gran sonrisa daba la bienvenida; a la derecha de la rueda se encuentra el espacio fotográfico, donde se puede recordar el momento de la estadía, y un local de alimentos y golosinas. El costo es de USD 3,50 y en la vuelta pueden ir hasta 216 personas.

A cinco personas que estaban por ingresar a la cabina se les notaba la emoción y ansiedad. Sus ojos hacían seguimiento del movimiento de la rueda moscovita y en cuento llegó su cabina procedían a ingresar sin ningún problema, asientos grises esperaban a los primeros curiosos, quienes sin ningún inconveniente se sentaron sin que la rueda se detenga; va tan lento lo cual permite su fácil ingreso.

Al cerrarse la puerta dos cintas amarillas con la palabras “no apoyarse” alertan a los usuarios. De inmediato se enciende el aire acondicionado y la pantalla donde las personas podían escuchar y ver las indicaciones y prevenciones a tomar durante su recorrido. De pronto se escuchó fuerte las palabras de una niña: “mamá mira el río”. Esa fue la alerta para que todos en la cabina empezaran a sacar fotos. En minutos ya estaba ascendiendo la cabina. La vista sorprende. Es, de hecho, otro punto de vista de la ciudad como si fuera una película en 3D con asientos en movimiento.

Luego de cinco minutos la cabina llegó hasta arriba. No se siente la fuerza del sol guayaquileño. Nuevamente la vista emociona, las fotos (los selfies) empiezan a convertirse en recuerdos almacenados en los celulares. Los edificios se ven pequeños, los transeúntes parecen hormigas, los carros andan por las avenidas como si fueran juguetes en una pequeña pista de carreras.

Era el momento de descender. En todo el trayecto los usuarios buscan la mejor foto, el mejor video.

Ya cerca del suelo, la experiencia termina luego de unos 10 minutos. La salida era por el lado izquierdo. Ahí abrieron tiendas de recuerdos, hay camisetas; llaveros... En la tienda también se explayan en comentarios sobre la vuelta en La Perla. “Fue increíble, estaba esperando el día que la inauguraran para vivir la hermosa experiencia con mi novia, es algo asombro que se ve por primera vez en Guayaquil y Ecuador”, decía emocionado Luis Mota. La misma alegría expresaba su novia Cinthya Reyes.

La altura, 57,5 metros de alto, pueden intimidar y generar nervios. Marlene Ramírez de nacionalidad colombiana no contaba con que su paseo a Ecuador coincidiera con la inauguración de la rueda. La turista colombiana estaba nerviosa antes de subir a la cabina, pero al terminar el recorrido tenía la sensación de que nunca olvidaría Guayaquil por la vuelta en La Perla, la rueda moscovita que ahora alegra al Malecón en el día y en la noche y que dicen es la única noria de Suramérica.