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Mis Historias Urbanas: Ella está bien

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Esa mañana hubo un simulacro por la conmemoración del terremoto. Nadie bajó del piso 15. No imaginaban que la historia y la histeria volverían tras 32 años. Empezó. Las mesas de los escritorios saltaban como canguil. Una veintena de personas se postró en la puerta. Otros bajaron. Ella estaba en shock. Vio caerse lámparas, escuchó cómo se le abría el piso debajo de los pies...

Los evacuaron por la salida de emergencias y los hicieron volver por sus cosas luego de 45 minutos. Entonces vio las paredes cuarteadas. Subió doce pisos por las escaleras, por precaución, pero notó que habilitaron el ascensor de nuevo. "Hasta el quince, solo hay tres", se dijo, y abordó. 

Apagón y gritos exteriores. Otra vez histeria. ¿Hubo réplica? Un pedazo de loseta que le rozó el cuerpo le contestó. Pensó en su familia en Ecuador. No había podido comunicarse con ellos aún. Sabía que debían estar esperando noticias. 

Si algo ocurría en ese ascensor, jamás volvería a oírlos. Alguien gritó su nombre. Había pasado una eternidad. Quince minutos pueden serlo en un escenario así. Era una amiga. Caminó llorando la Reforma. Atónita. Evacuados y enfermos en media vía, edificios con vidrios rotos, alertas por fugas de gas, inconscientes fumando... 

Llegó a la Cuauhtemoc. Lo mismo. Niños caídos de escaleras, gente con miedo... Esa noche no durmió en casa. Más de 300, en cambio, durmieron para siempre. "Que haya coincidido con el aniversario me parece una mala broma de la Tierra", me dijo.