Mis Historias Urbanas: ¡Ay, los scouts!

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Mis Historias Urbanas: ¡Ay, los scouts!

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Se metió a los scouts por su hija. Dedicaba fines de semanas enteros a ser voluntario en uno de los grupos, pero a su mujer no le gustaba. Odiaba los viajes, los campamentos en que debía ausentarse.

Era celópata. Así que le dijo que vaya y se una también. Y ella, para cuidarle el rabo, lo hizo. La pusieron en la unidad de los más pequeños y era feliz. Empezó a gustarle el dato scout.

Así caminaba la familia hasta esa noche en que se inhibió el celular de don confiado y fue a la computadora a googlear cómo arreglarlo. El Facebook de su mujer abierto fue el inicio del fin. 

En la bandeja de entrada había otra mujer reclamándole el envío de mensajes eróticos a su novio. Su novio era ese joven de unos 25 años que compartía voluntariado en el mismo grupo de su esposa. 

Se deshizo. Dolió; pero más dolió cuando la confrontó y ella confesó que la relación extramarital llevaba cerca de dos años y que allá, en los scouts, todos sabían. Incluso en la directiva les habían puesto un ultimátum para evitar problemas. 

Se divorció, hizo que se vaya de casa e investigó más. Supo allí que no era la única vez que había sido infiel, que de nueve años que llevaban juntos, al menos siete lo había sido. Pero eso ya no importa. 

Ha empezado una nueva vida lejos de esa mujer que es madre de sus dos hijos. ¡Ah! También logró que boten al amante por romper el código de ética. Venganza.