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Buena Vida

Mis Historias Urbanas: La bala perdida

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Mis Historias Urbanas

Salí temprano del trabajo para ayudar a mamá con una cita médica, pero el que terminaría internado, y casi muerto en el hospital ese día iba a ser yo.

Era viernes. El 7 de septiembre de hace dos años. Cuando llegué a casa, mi hermana, que coincidencialmente nos visitaba ese día, me pidió de favor recargar el plan de cable de papá.

‘Pajareé’ un rato entre el celular y mi playlist. Recuerdo haber repetido cuatro veces la canción ‘Corazón embustero’, antes de quedar desangrado en la tienda. 

“Su amor entró en mi vida, como una bala perdida”, dice la letra de ese casi himno del romanticismo. “Una bala perdida”, pienso ahora mientras me veo la herida por donde entró la bala.

Eran las 15:03. Caminé dos casas desde mi portal, llegué a la tienda, di el número, cancelé el valor de la recarga y, mientras esperaba el vuelto, ¡bum! La bala perdida aterrizó al costado derecho de la espalda.

Hoy sé que es cierto aquello de que cuando la muerte ronda ves tu vida pasar. Vi la sangre. No me sentía mal, era solo el dolor del impacto y la sorpresa lo que me aturdió. Pedí ayuda, volví a casa, vi a mamá llorando por mí. 

Se hicieron cinco minutos al hospital del Guasmo. Ese tiempo resulta una eternidad con una bala en tu cuerpo. 

El estómago se contrajo hasta casi parecer músculo de atleta recién condecorado. La sangre corría por la espalda. 

Llegamos. Rayos equis, resonancia, una sonda en mis partes íntimas y el dedo de una enfermera en el orificio de la bala terminaron de casi matarme. 

Un rato después lo supe. La bala estaba dentro del hígado. “Vamos a operarlo”, soltó alguien que no sabía que me aterran las operaciones. Al diablo con eso, me estaba desangrando.

Han pasado dos años. La herida muestra las secuelas de los 18 puntos que me cogieron. En días de frío duele aún. El culpable de esta casi muerte sigue suelto y a mí me sigue gustando aquella canción de la bala. 


Gabriel, querido Chapu. Eres un campeón. Feliz segundo año de volver a la vida. Gracias por contarme tu historia.
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