Mis Historias Urbanas: El flete

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Mis Historias Urbanas: El flete

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Vio al marido asomarse por el local con un saquito de arroz. "Es un flete aquí no más, ya vengo", explicó sin más detalles. Agarró el triciclo, subió la carga y pedaleó. El hombre con el que lleva 25 años casada se alejaba por las calles del mercado y mientras lo hacía ella sentía una papa atorada en la garganta.

 "Yo lo sigo. Míreme allí", encargó a alguien su negocio. Se fue a pie. El hombre paró en una tienda de abarrotes, compró verdes y los trepó al triciclo. Luego fue a una tercena, compró chancho e hizo lo propio. 

La mujer lo seguía cautelosa, cual Pantera Rosa, esquivando choques de mirada detrás de postes. "Ya casi llega adonde creo que va", pensó. De ese otro local se asomó la mujer causante de su angustia y la vio de frente. Se hizo la loca. 

Tomó el celular y llama. A unos metros, el hombre del triciclo respondió el móvil y miró como loco a su alrededor. La otra lo puso en sobre aviso. El hombre del triciclo se detuvo en una parada de buses, bajó las compras y esperó. Eran las diez de la mañana. "¿Qué haces aquí?", lo sorprendió. 

"Ya vienen a ver esto", le dijo. Dos horas estuvieron parados. Nadie llegó. Durmió ocho días en el negocio, en una alfombra; pero falleció el papá de un amigo y tuvieron que ir juntos al velorio. Volvieron. Después de todo, son 25 años. Ella duda. Quiere ponerle cascabeles en las patas.