Mis Historias Urbanas: Fuga

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Mis Historias Urbanas: Fuga

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La fuga estaba planeada. Era viernes y la valla elegida les hacía ojitos. Las reuniones previas habían determinado ya la ruta a seguir: se movilizarían desde el colegio Ati II Pillahuaso al parque Forestal.

Aún titubeante, y entre comentarios de los compañeros desertores, que argumentaban no atreverse con la posible represalia al grupo y una eminente paliza en casa, Alfredo González, que era custodiado siempre de casa a la institución y viceversa, solo pensaba en cumplir esta primera memorable travesura. 

Subió uno, otro y otro. Trepaban como arañas. Allí estaba Alfredo, esperando su turno. Era el penúltimo. Vio cómo el que estaba delante bajaba al otro lado con la mano cortada, por los vidrios puntiagudos que protegían el cerco. La fuga quedo truncada. El miedo le ganó. 

Pensó en el reclamo discriminatorio
y en la investigación que probablemente empezaría de inmediato. Se echó para atrás y esperó el lunes. - El ‘Pato’ está bien, lo llevamos a un consultorio, le cosieron la mano y nos fuimos un ratito al parque; le iba a contar lo sucedido a los papás, ellos son buen dato; ya lo haremos de nuevo después, pero esa vez si nos acompañarás, le decían. 

No hubo averiguaciones fuera. Patricio apareció después con la mano izquierda vendada con gasa y con una nueva línea de la vida bifurcada. De la que se salvó, pensó Alfredo.