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Mis Historias Urbanas

Mis Historias Urbanas: Heces solidarias

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MHU versiones definitivas-01
Mis Historias UrbanasBlanca moncada

Cuando tu único equipaje es una fundita con muestras de heces y orina, es mejor no hacer vida social. Yira lo supo la mañana en que una chica bien vestida se le acercó en la fila del laboratorio de la universidad, adonde debía entregar sus muestras. "Hola, amiga", empezó la intrusa.

"Necesito un favor, pero me da supervergüenza". "Quiere plata", pensó Yira. "Lo que pasa -continuó con un chicle en la boca- es que no traje mi caca y quería ver si tu podías regalarme un poquito de la tuya". Yira buscó la cámara escondida. Incrédula. Analizó detenidamente a su interlocutora. De pies a cabeza.

Notó que no era broma al descubrir vergüenza en su rostro. ¡Diablos! ¿Quién puede pedir caca a un desconocido? Vivía en una zona fuera de Guayaquil y había madrugado, pero olvidó su muestra. Y eso de hacer popó en la calle no era su fuerte. Decidió ayudarla. 
Le cedió un poco de heces e hicieron fila otra vez. Al llegar su turno, Yira se paró dispuesta a terminar el odioso trámite, pero pisó mal y tropezó. 

La funda salió volando, igual que las muestras, que en un fragmento de segundo quedaron desparramadas y mezcladas, como una porción de cualquier cosa, a la vista de todos. Yira jamás olvidará ese día.