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Mis Historias Urbanas

Mis Historias Urbanas: La pasajera de Manuel

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Domingo por la noche. Puerta diez del Cementerio General. Manuel vuelve a casa resignado. No le salió ninguna carrera en el centro y es menos probable que aparezca alguien con ruta hacia Durán ahora. Las calles están vacías. Prende las intensas para divisar bien lo que cree ver. Es una mujer blanca, cabello negro. Lleva un vestido rojo. Corto, muy corto.

Tan corto que Manuel cree que no es una pasajera, sino una trabajadora sexual. Atiende su señal de parada. Justo en el semáforo. "Voy al Imperio", le dice. "Lo sabía", piensa él. "Pague cinco no más. Estoy de retirada", le ofrece. La joven se sube atrás sin decir una palabra. Él arranca. Pasa el primer puente, pasa el segundo. La ve de cuando en cuando por el retrovisor.

Lleva la cabeza gacha, se revisa las uñas, juega con sus pulseras de colores... Quizás la violaron, quizás la obligaron, quizás lo hace porque le gusta. Manuel se entretiene imaginando los porqués de esta mujer que mira con nostalgia la calle, con la cabeza pegada a la ventana, como quien caza recuerdos lejanos. Sigue sin hablar. 

Llegan. Manuel entra al famoso prostíbulo duraneño. "Solo vengo a dejar a la niña", le explica al portero. "¿A qué niña?", le pregunta el empleado. Manuel, como poseído, gira la mirada hacia la parte de atrás. No hay nadie. La sangre se congela. Casi se desmaya cuando vio los cinco dólares en el asiento.