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Accidente de avión del equipo Chapecoense en Colombia deja 71 muertos

La final soñada de la Copa Sudamericana de fútbol acabó en tragedia para el club brasileño Chapecoense, cuya expedición a la ciudad colombiana de Medellín dejó 71 muertos y seis heridos al accidentarse en una montaña el avión en que viajaban, según pre

A fan of Chapecoense soccer team shows a magazine of the team in front of the Arena Conda stadium in Chapeco
Aficionada al equipo Chapecoense muestra su revistaReuters

La final soñada de la Copa Sudamericana de fútbol acabó en tragedia para el club brasileño Chapecoense, cuya expedición a la ciudad colombiana de Medellín dejó 71 muertos y seis heridos al accidentarse en una montaña el avión en que viajaban, según precisaron las autoridades.

El aparato, un Avro Regional RJ85, de fabricación británica, de la aerolínea boliviana Lamia, con capital venezolano, y que llevaba 77 personas a bordo, “se declaró en emergencia” anoche a las 22.00 hora local (03.00 GMT del martes) “por fallas eléctricas” cuando se aproximaba al Aeropuerto Internacional José María Córdova de Medellín, en el noroeste de Colombia, sede del Atlético Nacional, el que mañana sería el rival finalista de Chapeconse.

Menos de dos horas después, la Aeronáutica Civil (Aerocivil) confirmaba el accidente sufrido por el avión en las faldas del Cerro Gordo, entre las localidades de La Unión y La Ceja, en el departamento de Antioquia, y a solo 17 kilómetros en línea recta de Rionegro, localidad donde está situado el aeropuerto de Medellín.

La cifra de 81 ocupantes del aparato suministrada inicialmente por las autoridades, y de 75 fallecidos, fue corregida luego por el director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Carlos Iván Márquez, quien explicó que cuatro personas que estaban en la lista de viajeros no embarcaron a última hora.

El de anoche es el peor accidente aéreo ocurrido en territorio colombiano en este siglo, pues el siniestro reciente más grave que ese fue el de un avión de American Airlines que costó la vida a 165 personas el 20 de diciembre de 1995 al chocar con el filo de una montaña cuando se disponía a aterrizar en Cali (suroeste) procedente de Miami (EE.UU).

Esta madrugada, todavía en medio de la oscuridad, socorristas rescataron a los primeros supervivientes del avión boliviano, lo que dio una luz de esperanza, pero al amanecer las autoridades ya daban por cerrado el trágico balance.

La delegación deportiva, compuesta por 22 jugadores del Chapecoense, 25 directivos, personal técnico e invitados y 21 periodistas de medios brasileños e internacionales, partió ayer de Sao Paulo con destino a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) donde abordaron el avión de Lamia, que llevaba una tripulación de nueve personas.

Seis de las 77 personas sobrevivieron: los futbolistas Alan Ruschel, Jackson Follman, y Helio Neto; el periodista Rafael Valmorbida Henzel, y los tripulantes Ximena Suárez (azafata) y Erwin Tumiri (técnico), quienes fueron ingresados en distintos hospitales cercanos a Medellín, según la Aerocivil.

Los 77 cadáveres ya fueron recuperados en el lugar del accidente y fueron trasladados a Medellín para su identificación y posterior entrega a los familiares.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, definió lo sucedido como “una tragedia que nos enluta” pese a que ninguno de los fallecidos era colombiano, al tiempo que expresó su “solidaridad” con las familias de las víctimas y con Brasil.

La Cancillería colombiana dijo por su parte que ese ministerio “viene funcionando como puente entre las autoridades colombianas y las de Brasil y Bolivia” para apoyar los trámites de repatriación.

Al mismo tiempo las autoridades trabajan para esclarecer las causas del siniestro del cual la única hipótesis que parece descartada es que haya sido causado por el mal tiempo en la zona.

En su primer comunicado emitido esta madrugada, el aeropuerto José María Córdova de Medellín informaba de “fallas eléctricas” que pueden haber causado una emergencia en la maniobra de aproximación.

Otra posibilidad apuntada por medios locales que citan a autoridades es que al avión no le haya alcanzado el combustible, hipótesis reforzada por el hecho de que la aeronave no hizo explosión ni se incendió al caer, lo que en parte permitió que hayan sobrevivido algunos ocupantes.

También se ha barajado la de que el avión, diseñado para distancias cortas, haya estado en el límite de su autonomía de vuelo en el viaje de unos 3.000 kilómetros entre Santa Cruz de la Sierra y Medellín.

El director general de la aerolínea Lamia, Gustavo Vargas, aseguró hoy a Efe en La Paz que el avión había pasado todas las revisiones y que el piloto y el copiloto “estaban certificados en Suiza” y habían superado “dentro del margen” los controles semestrales.

“La aeronave en funcionamiento había pasado todos los controles de la autoridad boliviana”, aseveró el director de la compañía, quien alegó que cada vez que realizaron una reparación en la aeronave recibieron “el visto bueno” y no habían tenido “ni incidentes ni accidentes”.

El misterio puede ser resuelto por las dos cajas negras que ya fueron encontradas hoy “en perfecto estado”, según la Aerocivil.

Mientras tanto, un equipo de unos 45 expertos entre médicos forenses, patólogos, genetistas, radiólogos, odontólogos, antropólogos y asistentes fue dispuesto para identificar a las víctimas en un plazo de dos o tres días, según el Instituto de Medicina Legal.

Para llegar a esa colina, los rescatistas deben recorrer más de media hora a pie con las camillas.

El siniestro ocurrió en Cerro Gordo, entre los municipios de La Ceja y La Unión, en el departamento de Antioquia (noroeste), informó el aeropuerto José María Córdova de Rionegro, que sirve a Medellín, en un comunicado.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) movilizó a alrededor de 150 operativos de los equipos de socorro y activó su red hospitalaria.

Primero hubo una declaración de emergencia y unos minutos más tarde se registró el accidente, dijo a la AFP un portavoz de la Aeronáutica Civil.

Nueve futbolistas del Chapecoense no viajaron a Colombia por decisión técnica y se quedaron en Brasil: Rafael Lima, Nenem, Demerson, Marcelo Boeck, Andrei, Hyoran, Alejandro Martinuccio (argentino), Moisés y Nivaldo.

Hace dos semanas, en ese mismo avión había viajado la selección argentina con Lionel Messi a bordo desde Buenos Aires hasta San Juan (oeste) para jugar el partido contra Colombia por la clasificatoria sudamericana a Rusia-2018.

La Conmebol anunció que debido al accidente se suspendió oficialmente la final de la Copa Sudamericana y además el Congreso del organismo del fútbol sudamericano que debía sesionar este miércoles en Montevideo.

El presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, viajó de inmediato a Medellín, añadió el comunicado.

Por su parte, Atlético Nacional se solidarizó con el cuadro rival. “Nacional lamenta profundamente y se solidariza con @chapecoensereal por el accidente ocurrido y espera información de las autoridades”, escribió en su cuenta en Twitter.

“Estamos en el lugar, respetando la operación de los organismos de rescate y tratando de enterarnos para saber con qué podemos ayudar”, afirmó el presidente del club, Juan Carlos de la Cuesta, a Blu Radio.

La clasificación a la final la semana pasada revolucionó a esa pequeña ciudad de unos 200.000 habitantes, ubicada en el estado de Santa Catarina.

Chapecoense llegó a esa instancia tras eliminar por penales al argentino Independiente. Antes había dejado atrás al Junior de Barranquilla.

El ‘Verdao del oeste’ estuvo a punto de desaparecer hace una década. Al borde de la bancarrota, la existencia del club de Chapecó, en el lejano interior de la sureña Santa Catarina, parecía inviable.

Pero este club con 43 años, vio la luz en 2009, cuando consiguió clasificarse para la cuarta división y ahí comenzó un despegue que, siete años después, lo había convertido en la revelación sudamericana.

“Ahora que llegamos” a ser “un equipo de destaque nacional, sucede una tragedia así”, afirmó conmocionado Ivan Tozzo, vicepresidente del Chapecoense, tras el accidente aéreo en Colombia que diezmó al modesto equipo brasilleño que se aprestaba a disputar la final de la Copa Sudamericana.

“Estamos reunidos en el estadio, recibiendo a las personas afectadas, a las personas que aman al Chapecoense”, contó Tozzo a SportTV, del grupo Globo, desde la ciudad de Chapecó, en el estado de Santa Catarina (sur).

“Hasta ahora no nos cayó la ficha. Estamos aguardando, confiando en Dios (...), en que nuestro Chapecoense tendrá que continuar”, agregó.

“Es complicado el dolor. (...) Sé lo que hemos pasado para estar aquí. Ahora que hemos llegado, no diré a la cima, pero a tener destaque nacional, sucede una tragedia así. Es muy difícil, una tragedia muy grande”, concluyó, con dificultades para contener las lágrimas.

El equipo, que en sus 43 años de existencia se vio relegado a las divisiones inferiores y situaciones de gran precariedad, debía disputar el miércoles el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana, frente al Atlético Nacional, de Medellín.

El avión en que viajaban se estrelló cerca de Medellín. De las 81 personas a bordo, 76 perecieron en el accidente.