Deportes
Cumbayá alienta al ritmo de la Verde y Blanco
La parroquia del occidente de Quito tiene su propia barra ´brava´ desde hace diez años y acompaña a las selecciones en los emocionantes interparroquiales

La barra Verde y Blanco de la parroquia de Cumbayá se formó en 2016.
Los campeonatos interparroquiales de la Asociación de Ligas Rurales del Cantón Quito no son torneos barriales comunes, sino escenarios donde se vive apasionadamente el fútbol, con estadios que se llenan e hinchas ‘acalorados’ por la pasión de la competencia de cada parroquia. Es justamente en ese duelo de hinchas donde el equipo de Cumbayá tiene su propia barra organizada, denominada Verde y Blanco.
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Luis Eduardo Vizcaíno es parte de su historia. Convirtió la casa de sus padres en la sede del equipo. Allí, en el tradicional barrio San Juan de Cumbayá, guardan banderas e instrumentos. Cuando hay partidos de la parroquia, ya sea en los Interparroquiales Senior o en los Juveniles, la vivienda es el punto de encuentro para salir todos al estadio, de local o visitante.
El último domingo, mientras organizaban el material, Luis contó a EXTRA que la barra surgió de manera espontánea en un partido en Guayllabamba hace diez años, donde varios, sin planearlo, empezaron a alentar con cánticos conocidos de barras de equipos de fútbol profesional, pero adaptadas al nombre de su parroquia. Fue entonces que decidieron seguir coincidiendo y organizarse para tener sus propias banderas e instrumentos.
“Al principio parecíamos la banda del Chavo del Ocho”, dice entre risas, pues nadie sabía entonar los instrumentos. Ya con la práctica fueron sonando mejor y pudieron sumar bombos, tambores y platillos, todo gracias a las colectas semanales o donaciones de los vecinos.
Una barra familiar
En la casa de los Vizcaíno, toda la familia colabora en los preparativos antes de salir al estadio. Por ejemplo, el último domingo la cita fue de local en el estadio Francisco Reinoso, enfrentando a Puembo. Y aunque no todas las categorías mantenían expectativas en la fase de grupos, los hinchas se juntaron desde temprano para estar en cada partido.
“Nos caracterizamos por eso, porque en otras parroquias aparecen muchos solo en las finales; en cambio nosotros intentamos estar siempre, desde las primeras fases”, destaca Luis.
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Vestida con la camiseta de la barra, Marisol Hidalgo era, ese día, una de las más entusiastas. Confiesa que los Interparroquiales Juveniles son especiales porque desde el año pasado uno de sus hijos entró a la selección sub-14, algo que la motiva aún más para alentar a los equipos.
“Yo me uní en el 2017, motivada por el cariño al lugar donde nací yo y nacieron mis padres y abuelos. Vengo de una familia de seleccionados de Cumbayá y yo, como siempre digo, soy una seleccionada frustrada, porque cuando me convocaron a la selección quedé embarazada de mi primer hijo”, relata con una sonrisa Marisol.

San Juan de Cumbayá es el punto de partida de la barra organizada de la parroquia.
Cuando todo está listo, entre banderas, tambores, espuma de carnaval (a falta de pirotecnia porque está prohibida) y los premios de la rifa que realizan en cada jornada para recaudar fondos, Luis se pone al volante de una buseta escolar y empieza el trayecto hasta el centro de Cumbayá.
En medio de la infraestructura gastronómica que predomina en el sector, unos apasionados hinchas, con cumbia villera sonando a todo volumen, recuerdan a su paso que el deporte parroquial sigue siendo parte de la identidad y tradiciones de los cumbayeños.
El camino al estadio no le alcanza a Luis para encontrar en su lista de reproducción La Cumbayeñita, canción que le pide su madre, Marina Guamán, desde la última fila, y tan pronto como llegan al escenario deportivo, todo el mundo se pone manos a la obra antes del inicio del primer cotejo del día.

La casa de la familia Vizcaino Guamán es la sede de la barra organizada de Cumbayá.
Mientras empiezan a inflar globos, extender banderas y vender boletos, siguen llegando los aficionados, que se dejan notar por la indumentaria de la barra, la cual ha sido confeccionada por la propia Marina, que elabora cada prenda con el pedido personalizado de sus vecinos.
Cuando empieza el cotejo se enciende la fiesta, todos cantan, saltan y con una mano arriba siguen el ritmo de los tambores. Una barra familiar con abuelos, jóvenes e incluso niños viviendo el aliento de una forma pacífica y sintiendo esa identificación con su parroquia.
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