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Trobbiani y Barcelona un amor de 30 años

Han pasado tres décadas desde que el argentino llegó a Barcelona y la misma cantidad de años que el ídolo jugó su primera final de Libertadores.

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Estuvo un año y medio e hizo historia Trobbiani llegó al Barcelona siendo dos veces campeón del mundo.

En septiembre y octubre de 1990, la hinchada barcelonista vivió una de sus mejores épocas. Eran tiempos de final de la Copa Libertadores y ese año había llegado al Ídolo un dos veces campeón del mundo: Marcelo Antonio Trobbiani, un 10 con una clase única.

Llegaba con 35 años y con el cartel de haber sido campeón del mundo con la sub-20 de Argentina en 1976 en Francia y con Diego Armando Maradona en el Mundial de México 1986.

Trobbiani es de los pocos argentinos que han llegado con una vida hecha con base en los éxitos. Estuvo en Barcelona año y medio, pero eso fue suficiente para dejar su huella en este club, en el que ahora es director deportivo de las formativas.

Cuando le preguntan a Trobbiani sobre la hinchada del Ídolo ecuatoriano, dice que es la más grande del mundo, debido a que en Ecuador el 80 % de la gente es amarilla, algo que no pasa en ninguna otra parte del mundo.

Marcelo fue un 10-10, de esos que paran la pelota y hacen lo que les da la gana. Hoy nos habla de 30 años de un amor que nació en la cancha del Barcelona.

30 años después seguimos hablando de Barcelona.

Sí, lo seguimos haciendo, con la dirigencia, con las formativas, con la gente que me muestra su cariño. Soy un agradecido de toda la gente. Pero el tema Barcelona será para toda la vida. Creo que todos los días se ha hablado de mi paso como jugador. Eso sucede cuando se deja todo por los colores de la camiseta que uno defiende.

¿Cómo fue la relación Trobbiani-Barcelona? ¿Usted se robó el corazón de los hinchas ecuatorianos o los ecuatorianos se robaron su corazón?

No sé, creo que fue algo mutuo. Y te hablo de todos los ecuatorianos, hay hinchas de Emelec, Liga de Quito, El Nacional, Deportivo Quito que me respetan, me saludan, pero en especial los de Barcelona, que es mi equipo. Y esto me sucedió en muchas partes donde fui a jugar, me entregué con todo a su camiseta.

1990 el año que llegó Marcelo a Barcelona.

Usted ganó todo en el fútbol. Y jugó con los grandes de verdad, como Maradona, Ruggieri y más, pero siempre mantuvo los pies sobre la tierra. ¿Nunca ‘se la creyó’?

Todos los seres humanos somos iguales y uno debe de tener humildad. Sigo siendo el mismo desde que salí de mi pueblo, que era un lugar pequeño. Esa es la base de todo.

Los apodos mandan en el fútbol. A usted le decían Chancha, Mandrake, pero ningún sobrenombre prevaleció. Para todos, usted es Marcelo.

Me pusieron Chancha porque era medio gordito al inicio en las menores. Luego me pusieron Mandrake porque gambetee a cuatro jugadores y me salió un golazo, ese apodo me lo puso un periodista de la revista El Gráfico. Nunca me quedé con un apodo, siempre con el nombre, tanto en Europa como en América.

Estaba en Chile en 1990 y le dicen: “Vamos al Barcelona de Guayaquil”. ¿Qué se le vino a la cabeza?

Estaba en Cobreloa y me van a ver a Chile. Nos vimos en el hotel y me vine, sabía que Barcelona era el ídolo de Ecuador. Con el paso de los meses me fui dando cuenta de que Barcelona tiene más hinchada que el mismo Boca Juniors o Bayern, que es un fenómeno. Han pasado 30 años de eso y aquí estamos.

Marcelo Trobbiani forjó una historia con el Ídolo del Astillero en poco más de año y medio, pero fue el tiempo suficiente para dejar un legado.

Muchos no se dan cuenta de esto, que fue poco tiempo. Si hubiera venido antes, por lo menos jugaba 10 años en Barcelona. En año y medio fui ídolo en el equipo y la gente me quiere demasiado. Es un amor recíproco, porque de ambas partes se siente el cariño. Siempre me han tratado bien en todas las etapas que he venido al país, como entrenador de Barcelona, River Plate, comentarista y ahora al frente de las menores de los canarios.

A 30 años de aquella final de la Libertadores, ¿qué le salta a la mente?

Antes de la final le habíamos ganado a River Plate. Salí por la calle Víctor Emilio Estrada en Guayaquil, una locura, toda la gente festejando, era algo increíble, no se podía caminar, era algo de no creer. Pero en la final pasaron cosas raras, merecíamos ganarla. Hubo un penal no cobrado, un gol mío anulado y luego el de Manuel Uquillas, acá fue una injusticia total el anularnos los goles, hubo cosas raras. Era la primera vez que llegaba un equipo ecuatoriano.

¿Cuántas miles de veces ha contado la historia de la final de aquella Copa Libertadores?

La cuento a cada rato, a los hinchas que me paran a conversar, y todos me dicen lo mismo: que nos robaron. Creo que fue el mejor equipo que Barcelona ha tenido. Siempre la cuento, hay padres de los chicos que me piden que les hable de aquellos partidos ante el Olimpia. Es una historia tremenda. Ese día del último partido de la final en 1990, Ecuador era Barcelona. Todos queríamos ganar la Libertadores.

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Marcelo Trobbiani, es ahora el director de formativas de Barcelona.

Usted se fue, pero dijo que iba a volver al equipo. Y aquí lo tenemos, 30 años después, con los chicos de las menores.

Me fui hace 30 años y he regresado como entrenador, comentarista, como amigo y ahora con el presidente Alfaro Moreno. Somos una familia y estoy en el proyecto con las menores.

¿Ansía volver a trabajar en vivo?

Estamos haciendo todo vía Zoom, creo que hasta el próximo año o cuando se pueda, pero el trabajo no para. Solo hay que tener paciencia y que se vaya este virus y empezar de cero en el 2021. Además, hemos logrado que gente importante del fútbol hable directo con los chicos, en teleconferencias. Eso ayuda mucho para la formación, no solo como jugadores, también como persona, porque viene de gente que ha sido triunfadora, campeona del mundo y de la vida. Gracias a los amigos que deja el fútbol se ha podido tenerlos para que los chicos que son el futuro del Barcelona puedan aprender de quienes ya vivieron lo que es el fútbol.

65 años tiene el exjugador de la selección argentina y el Ídolo.

Tantos años de relación con Ecuador. ¿Cuál es la comida local que lo vuelve loco?

Muchas, pero tengo dos especiales: el ceviche, aunque en esto lo máximo son los camarones, y un arroz con camarón, eso es otra cosa, algo espectacular, fuera de serie, es lo que más me gusta; sin dejar a un lado el pescado. Estuve viviendo en España por 20 años y sé lo que es el buen marisco, pero los de ustedes son de otro nivel. Hay muchas otras comidas que me gustan, pero esas llevan la delantera.

Toca esperar que todo pase para regresar a las canchas.

Esperamos que todo esto pase y que nos podamos ver cara a cara con todos, que exista la vacuna para acabar con esto. No hay nada mejor que estar frente a frente del ser humano. En especial para seguir buscando a esos chicos que quieren la gloria con Barcelona.

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