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Diario Extra Ecuador

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Poaló y San Andrés despiden el 2025 entre monos, risas y fiestas ancestrales

En San José de Poaló y San Andrés, el año se despide bailando. Personajes ancestrales toman las calles y mantienen vivas tradiciones centenarias.

Los niños recorren el espacio alrededor de los danzantes mayores en Poaló.

Los niños recorren el espacio alrededor de los danzantes mayores en Poaló.Glenda Giacometti

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En Píllaro, el fin de año no se marca solo en el calendario. Se siente en los pies, en la música y en las calles tomadas por la tradición. En San José de Poaló y en San Andrés, parroquias del cantón, despedir el año es sinónimo de fiesta ancestral, de trajes heredados y de una alegría que no entiende de edades.

En San José de Poaló, se celebra la Trajería que no espera a que los niños crezcan para enseñarles la tradición. Aquí se aprende caminando. Desde que dan sus primeros pasos, los más pequeños se integran al recorrido vestidos de payasos, capitanes, camisonas o monos. No miran desde la vereda: son parte del corazón de la celebración.

Mientras los danzantes mayores ejecutan los llamados “trabajos”, guiados por los capitanes, los niños rodean el espacio, avanzan, retroceden y cruzan entre la música. No siguen una coreografía estricta, pero sí el pulso de la banda. Bailan como sienten, con pasos libres y sonrisas abiertas, y contagian al público, que responde con palmas y risas.

Aprender bailando desde la infancia

Los trajes infantiles replican con ternura los roles tradicionales. Payasos de colores intensos, pequeños capitanes con sombrero, camisonas en versión miniatura y monos recorren el espacio como si la fiesta fuera un gran juego colectivo.

“Ellos son los que más alegran a la gente”, cuenta Rosa Guamán, moradora de la parroquia. “Uno los ve bailar y se le va el cansancio. El público los sigue y se suma al ritmo”, expresa.

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La organización está en manos de custodios de la tradición como el capitán Segundo Haro y el alférez Aníbal Sarabia, quien lleva más de cuatro décadas defendiendo la Trajería. Ambos coinciden en que la presencia de los niños garantiza que la fiesta no se apague con el tiempo.

La preparación empieza desde enero. Familias enteras ensayan, confeccionan vestuarios y organizan los recorridos. En ese proceso, los niños observan, imitan y participan. No ejecutan los trabajos completos, pero acompañan cada presentación al ritmo de las bandas de pueblo, que tocan sin pausa durante largos minutos.

Los pequeños  acompañan durante toda la danza vestidos de diferentes personajes.

Los pequeños acompañan durante toda la danza vestidos de diferentes personajes.Yadira Illescas

Monos, risas y memoria viva en San Andrés

En San Andrés, también parroquia de Píllaro, el año se despide de otra forma, pero con la misma fuerza ancestral. Aquí no todo es fuego y Años Viejos. Desde el 26 hasta el 31 de diciembre, las calles se llenan de los Monos, personajes traviesos que recorren las comunidades.

No se conoce una fecha exacta de origen, pero sí siglos de memoria. Así lo explica Luis Moposita, investigador comunitario y participante de esta festividad desde su niñez. Para él, entenderla implica escuchar tres voces: la de los libros, la de los mayores y la de la experiencia vivida.

Durante esos días, los monos caminan acompañados de viudas, perros, tigres, toros, vaqueros y personajes que imitan la cotidianidad del territorio. El mono debe ser chistoso, exagerado y libre. Provoca risas, juega con el público y rompe la rutina del cierre de año.

Moposita participó por más de tres décadas: fue mono, perro, viuda y finalmente Año Viejo. Su historia es la de muchos en San Andrés, donde la tradición no se mira, se vive.

Los monos son el personaje ancestral que cierra la fiesta cada diciembre en San Andrés, ellos recorren las calles y los barrios.

Los monos son el personaje ancestral que cierra la fiesta cada diciembre en San Andrés, ellos recorren las calles y los barrios.Glenda Giacometti

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