El abogado que desafió al Multicomercio, en Guayaquil: Mario, el héroe que rescató autos del abismo
Mario Lupercio cambió las leyes por los arneses para salvar vehículos tras el incendio en el centro de Guayaquil. "La adrenalina fue única"

Mario es abogado e ingeniero civil. Él pone en práctica ambas profesiones.
El edificio Multicomercio, ubicado en Eloy Alfaro y Cuenca, centro de Guayaquil fue consumido por un incendio registrado el pasado miércoles 11 de febrero. Esta edificación, compuesta por cuatro torres de uso comercial y residencial, además de zonas de parqueo y bodegas, quedó reducida a escombros de la que se debieron vehículos que se encontrabas estacionados allí. Mario Lupercio, ingeniero y abogado, colaboró con esta tarea.
Mario sentía el corazón latir a mil por hora, y no era por ver a su esposa frente a él. La adrenalina se le había subido a la cabeza, algo que él describe como un sentimiento único. ¡Algo más le ‘movió’ el piso!
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Al hombre, de profesión abogado e ingeniero industrial, lo ‘sacudió’ la extracción de vehículos del edificio Multicomercio, sucedida entre el 8 y 10 de marzo, luego del incendio que consumió gran parte de la estructura y que provocó el colapso de una de las torres de 10 pisos que conformaban el complejo comercial, ubicado en el centro de Guayaquil.
Un rescate de altura en el edificio Multicomercio
“Fue una experiencia singular. Hay una adrenalina de por medio, (con la) que uno va pensando muchas cosas, como que tengo una familia atrás que espera por mí. Entonces, pedí a Dios que todo salga bien, que no pase nada, porque el riesgo ahí arriba es latente y obviamente la seguridad lo es todo”, expresó.
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De actitud alegre y optimista, Mario Lupercio luego de ese día terminó ocupando el título de héroe para algunos: a los que ayudó a sacar su vehículo, al ingeniero encargado de la obra que apoyó durante tres días y para su familia que lo vio por televisión arriesgando su vida por “servir al prójimo”.
El padre de familia contó que llegó de casualidad a la obra de rescate de los automotores, pues él labora sin relación de dependencia para una empresa de seguros del país y estaba en representación de la misma.
“Teníamos varios vehículos de asegurados y me ofrecí al encargado de la obra para ayudar por si necesitaba apoyo. Cuando ya estaba por descender el último (vehículo) me dijo que si me iba a subir y le contesté que claro que sí”, recordó Lupercio.

En esta cabina se movía Mario Lupercio para asegurar los automotores.
Entre el Día de la Mujer y el servicio al prójimo
Ese día tuvo que priorizar por un momento el amor al servicio a la comunidad sobre el amor de la familia: era el Día de la Mujer, estaba con su esposa y le dijo que lo esperara solo un ratito, que se iba a subir a la canastilla para ayudar.
Él fue el encargado de estar en una cabina que, con una pluma con capacidad de 30 toneladas, se movía hasta lo que quedaba del edificio quemado, donde aseguraba los automotores con arneses y cabos, para que la grúa pudiera levantarlos y, finalmente, entregarlos a sus dueños. “Lo hice tan bien que me pidieron que ayudara los tres días que duró la recuperación”, dijo entre risas.
El hombre explicó que, a pesar de que puso en riesgo su vida, considera que valió la pena, por la gran cantidad de rostros de alegría y las lágrimas de felicidad que vio ese día.
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Lágrimas de felicidad: El motor de un rescatista nato
“Hubo una señora que lloraba a mares por su carro y era un caso especial: los carros que estaban cerca del suyo se quemaron y el de ella estaba intacto. Ella incluso dijo que sabía que Dios iba a proteger su carrito”, contó con mucha satisfacción el ingeniero.
No es la primera vez que Mario ayuda sin esperar nada a cambio. Recordó que en una ocasión, mientras iba a la ciudad de Francisco de Orellana, en la provincia del mismo nombre, observó que un grupo de personas señalaban hacia un abismo, por lo que él se bajó para preguntar qué había sucedido.
Mario aseguró que siempre ha preferido arriesgarse en las alturas y los deportes de velocidad. Dice que le gusta el ciclismo en la modalidad downhill, que es en descenso.
“Un camión, en el que viajaban un padre y sus dos hijos de ocho y siete años, había caído, y solo un árbol evitaba que rodaran 200 metros más (hacia abajo). Los salvamos”, manifestó con orgullo y emoción.
Mario, complacido de su tarea allí, concluyó que lo volvería a hacer todas las veces que sean necesarias, pues su solidaridad lo lleva a arriesgarse por los demás sin pensarlo.