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Diario Extra Ecuador

Mientras Guayaquil celebra, ellos trabajan: la dura jornada de recolectores de basura en Año Nuevo

La madrugada del Año Nuevo es una de las más duras y peligrosas, les toca recoger pirotecnia y desechos pesados, para que la ciudad amanezca limpia

Los recolectores recorren la urbe por sectores. En algunos se recoge la basura dos veces al día.

Los recolectores recorren la urbe por sectores. En algunos se recoge la basura dos veces al día.Alex Lima / EXTRA

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En Guayaquil, mientras muchos brindan y festejan la llegada del nuevo año, hay quienes ya están ‘mentalizados’ en que el 31 de diciembre no es para fiesta. Los recolectores de basura saben que esa noche y la madrugada del 1 de enero les toca una de las jornadas más duras del año.

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“Todos los del turno nocturno trabajamos, hasta los supervisores. Nadie puede faltar”, cuenta Adolfo Ruiz, recolector de unos 25 años, con un lustro trabajando en fin de año. Su recorrido cubre varios sectores del norte porteño.

La jornada arranca temprano. A las siete de la noche se forman y una hora después los carros ya están en la calle. “Trabajamos hasta las 22:30 o 23:00. Luego paramos y esperamos que la gente termine de quemar los años viejos”, explica.

Cena, brindis y camaradería

Aunque no están con sus familias, esa noche no pasan solos. Nelson Castro, compañero de cuadrilla, destaca que la empresa les lleva la cena de fin de año.

“Nos traen una comida ‘posi’, bien puesta. Hacemos brindis y compartimos entre compañeros. Esta es como nuestra segunda familia. Pasamos más tiempo aquí que en la casa”, expresa.

Durante los descansos, los muchachos aprovechan para dormir un poco y comer. Algunos llevan tarrinas, otros hacen ‘la vaca’ para comprar cola y pan. Lo importante, coinciden, es que nadie pase hambre.

La parte más jodida de la jornada

Después de recoger los desperdicios, los recolectores barren los residuos más pequeños.

Después de recoger los desperdicios, los recolectores barren los residuos más pequeños.Alex Lima / EXTRA

Pasadas las doce y media de la madrugada, los supervisores dan la orden de retomar el trabajo. Ahí empieza lo más duro… y peligroso. “Entre los restos de los años viejos quedan camaretas que no explotaron. Nos capacitan, pero igual siempre hay riesgo”, admite Castro.

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El cansancio se multiplica porque, aprovechando la quema, muchos ciudadanos sacan todo lo que ya no quieren en casa.

Basura a lo bestia

Botan de todo: camas, anaqueles, bloques de cemento, colchones, muebles, televisores dañados. Es como hacer gimnasio, pero sin parar”, dicen los recolectores.

Vidrios rotos, clavos salidos y cargas pesadas son parte del ‘menú’ de la madrugada. “Hay que estar bien pilas para no lastimarse”, agrega.

Si la noche está “suave”, terminan cerca de las cinco de la mañana. Se van a casa molidos, mientras otros aún siguen celebrando.

“A uno le da pena no estar con la familia, pero entienden que si no se trabaja, no se come”, concluye Ruiz, antes de volver al carro recolector y seguir limpiando la ciudad que despierta tras el resaca del Año Viejo.

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