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Diario Extra Ecuador

Malabares y desamor: La historia de Félix, el artista que desafía al fuego en Guayaquil

Dejó Perú por una tragedia y hoy vive un 'vacile' tóxico. Félix Velayo Suárez revela cómo el amor y las clavas marcan su vida en el semáforo

Félix trabaja durante el cambio de luz para ganarse el día.

Félix trabaja durante el cambio de luz para ganarse el día.CARLOS KLINGER

Milka Franco
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En el ‘teatro de asfalto’ de Guayaquil, donde el semáforo dicta el ritmo de su ‘camello’, Félix Velayo Suárez, de 31 años, desafía la gravedad con la precisión de un experto y la melancolía de un romántico empedernido desde la intersección de la avenida Víctor Emilio Estrada y Las Monjas, en Urdesa, norte de Guayaquil. 

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Entre el fuego y las cicatrices: El arte de sobrevivir al semáforo

Con cuatro años y medio de trayectoria en el arte del malabarismo -entre ellas, las maromas con fuego-, este guayaquileño ha aprendido que, en la calle como en el corazón, el secreto no reside en evitar la caída, sino en saber qué objetos merecen ser atrapados antes de que toquen el suelo.

Félix es también un ‘nómada emocional’ que mide sus éxitos en dólares y sus fracasos en cicatrices. Cuenta que alguna vez, cuando empezó en el arte callejero, empuñó machetes, desafiando el filo hasta que la sangre lo hizo retroceder.

Actualmente, por ruego de sus hermanas y por el respeto que impone el riesgo de “abrirse la boca como Guasón”, prefiere las clavas y el fuego. Sin embargo, ninguna quemadura de gasolina parece haberle dolido tanto como los cortes invisibles que le ha dejado su historial sentimental.

Para Félix, la soltería “es la que te hace moverte”. Su geografía amorosa es accidentada, tal cual la cordillera de los Andes, que espera atravesar algún día en busca de mejores oportunidades.

El "rival" peruano y el drama que lo dejó sin pareja

El año pasado fue especialmente duro: su pareja, también ecuatoriana, decidió abandonarlo. El motivo, narrado con una honestidad brutal que roza el ingenio trágico, fue la aparición de un tercero.

La bicicleta que acompaña al artista en su rutina diaria.

La bicicleta que acompaña al artista en su rutina diaria.CARLOS KLINGER

No era un rival común, sino un malabarista peruano que, en palabras de él, era “más ‘mostroso’”; un virtuoso con mayor dominio de la técnica que terminó por arrebatarle a su pareja.

Actualmente, Félix reside en Mapasingue, donde alquila un cuarto y vive una relación que lo mantiene anclado a Guayaquil. A pesar de su alma de viajero mochilero, no ha emprendido el rumbo hacia Colombia debido a lo que él denomina un ‘vacile’. Es un romance de límites difusos y lealtades cuestionables: Félix confiesa que ella es infiel y que él es el tercero en cuestión.

Aun así, este vínculo precario es el lastre que le impide retomar la ruta. Es el dilema del equilibrista: mantenerse en el aire de una relación imperfecta o saltar al vacío de la carretera hacia Quito, Latacunga y, finalmente, la frontera colombiana.

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La ironía no se le escapa; mientras entrena con cuatro clavas en el parque de la calle Piedrahita, en el centro de Guayaquil, buscando resistencia, en su vida privada sostiene un peso emocional que amenaza con desequilibrarlo cada noche al regresar en su bicicleta.

En los dormitorios de 20 soles en Lima -las llamadas ‘casas de loco’- y en los transportes informales que lo llevaron por Piura y Chiclayo, Félix forjó un ideal romántico. Su paso por Perú no fue solo una búsqueda de dinero, sino una expedición en busca de su ‘media naranja’.

La búsqueda de la 'media naranja' de asfalto

Su teoría, compartida por sus ‘panas’ de ruta, es casi una ley del asfalto: un malabarista solo puede ser comprendido por una mujer que comparta su oficio. “Tienes que conseguirte una que haga lo mismo que tú, una viajera”, le han dicho, y él lo replica.

Con clavas en mano, Félix ofrece su rutina a conductores y peatones.

Malabarista en Urdesa Central

Sueña con una pareja que no pida estabilidad, sino que esté dispuesta a armar la carpa en una gasolinera segura y a trabajar en el siguiente semáforo hasta completar los 20 dólares que aseguran el día.

El asesinato de su primo en Durán, hace aproximadamente un año, lo obligó a dejar Perú precipitadamente y regresar a Ecuador con el dinero que había ahorrado para intentar concretar una relación con una posible pretendiente peruana que nunca llegó.

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