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Diario Extra Ecuador

A un mes de la caída de Maduro, venezolanos en Ecuador dudan de un cambio real en su país

Algunos coinciden en no querer retornar por ahora, pues aseguran que la inestabilidad continúa. Otros ya se sienten “parte de esta tierra”.

Filas aún visibles en Venezuela por alimentos básicos reflejan la persistente incertidumbre del país caribeño.

Filas aún visibles en Venezuela por alimentos básicos reflejan la persistente incertidumbre del país caribeño.INTERNET

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Un mes después de que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro, entre los venezolanos que residen en Ecuador no hay euforia ni maletas listas. Predominan la pausa, la desconfianza y el “vamos a ver qué pasa”. 

(Lea también: Así reaccionó el mundo tras anuncio de Trump sobre incursión en Venezuela y captura de Maduro)

Para muchos, la caída del presidente de Venezuela no significa que el país haya cambiado de rumbo. El problema, dicen, no es solo quién manda, sino un sistema que lleva décadas ‘chueco’.

Estados Unidos presentó cargos por narcoterrorismo contra Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes fueron capturados en una operación militar en Caracas. Ambos son acusados de conspirar para introducir cocaína en territorio estadounidense y de delitos vinculados con armas.

Esperar y ver

Luis Cornee, oriundo de Caracas y radicado en Guayaquil, es músico y escritor. En la ciudad se gana la vida con un emprendimiento singular: recorre zonas céntricas con un cinturón cargado de ingredientes para café y una mochila térmica que libera agua caliente, convirtiendo la calle en una cafetería ambulante llamada 'Coffee di Coffee'. Desde esa cotidianidad, mira con escepticismo lo ocurrido en su país.

Para Cornee, la captura de Maduro no significa un cambio real. Considera que se trata de un hecho aislado frente a más de 25 años de deterioro económico y político. 

El barista Luis Cornee en plena venta de café.

El barista Luis Cornee en plena venta de café.Amelia Andrade

A su juicio, el sistema sigue funcionando casi intacto, con estructuras chavistas aún activas y decisiones que no siempre son visibles. Por eso, no contempla un regreso definitivo por ahora. “Como San Tomás, primero ver para creer”, sostiene, convencido de que cualquier reestructuración tomará tiempo, mano de obra y estabilidad real.

Aunque planea viajar a Venezuela para visitar a su familia, reconoce que la situación sigue siendo frágil. Menciona la presencia militar en las calles y la incertidumbre sobre los acuerdos internacionales como factores que invitan a la prudencia. Mientras tanto, Ecuador se ha convertido en un lugar donde ha logrado adaptarse y sostenerse.

Nada cambió

Rafael Vera llegó a Ecuador en 2017 con su familia. Psicoterapeuta y exprofesor universitario en las escuelas de Sociología y Economía en Venezuela, afirma que lo ocurrido recientemente en su país no puede considerarse un cambio de gobierno. “Para mí, en Venezuela no pasó nada”, dice, al describir un proceso confuso que no generó expectativas ni dentro ni fuera del país.

El venezolano Rafael Vera mueve títeres en Guayaquil y apuesta por quedarse en la ciudad.

El venezolano Rafael Vera mueve títeres en Guayaquil y apuesta por quedarse en la ciudad.Diego Alvarado / EXTRA

Según relata, amigos que permanecen en Venezuela le cuentan que la vida continúa con aparente normalidad: la gente trabaja y sigue con su rutina diaria. 

Por eso, nunca consideró volver. Asegura que un país en la situación actual necesitará entre 15 y 20 años para recuperarse y que ese esfuerzo recaerá en las generaciones jóvenes. “Yo tengo 60 años, ¿ya qué voy a hacer allá? Viviría en la indigencia”, señala.

Vera explica que al migrar lo perdió todo y que regresar implicaría empezar desde cero. En Ecuador logró recomponerse tras la pandemia, cuando sacó a la calle los títeres que usaba en terapia para distraer a la gente en medio del miedo colectivo. Con el tiempo, fue integrándose a colectivos artísticos y encontró estabilidad. Frente al debate entre volver o quedarse, recomienda no dejarse llevar por la emoción ni llenarse de expectativas. “Eso no da tranquilidad”, afirma.

Cambios lentos

Lerwin Pantoja Ruiz, de 29 años, analiza viajar a su natal Puerto Ordaz tras conocer que en Venezuela se habla de una etapa de transición luego de la captura de Nicolás Maduro. Llegó a Ecuador hace siete años, pasó por Quito y Milagro, y finalmente se estableció en Guayaquil, donde trabaja en el área de informática, profesión que estudió en su país.

Aunque no descarta una visita, asegura que volver definitivamente es complicado. “Ya tengo mi vida hecha acá”, dice, y advierte que el proceso de estabilización será largo y difícil, sobre todo porque aún existen sectores que respaldan al chavismo. 

Sin embargo, reconoce que familiares y amigos le comentan sobre algunas mejoras puntuales, como el fin de la escasez de gasolina y la presión para mejorar servicios básicos.

Pantoja también recuerda las restricciones que enfrentaban quienes querían salir del país, como la imposibilidad de acceder a documentos de identidad. “¿Quién va a contratar a alguien sin papeles?”, cuestiona. Además, menciona la persecución y los controles como parte de una experiencia que todavía pesa al momento de pensar en regresar.

Nuevo horizonte

Sandro Andara García no sueña con un retorno inmediato a Venezuela, pese a la detención de Maduro y a la transición política bajo tutela extranjera. Oriundo de Maracaibo, recuerda con claridad los años más duros de la crisis, marcados por el hambre, la escasez y la especulación. “A finales de 2017 fue terrible”, rememora, al hablar de filas interminables y precios impagables.

Llegó a Ecuador en enero de 2018 y se instaló primero en Durán. Con estudios en enfermería, sobrevivió con trabajos esporádicos hasta lograr estabilidad. 

Ocho años después, asegura que ya no se siente extranjero y que su vida está en Guayaquil, donde tiene pareja y proyecta abrir su propio restaurante.

Hay, además, un motivo afectivo que frena cualquier intento de retorno: la mayoría de sus familiares y amigos también migraron. Volver, dice, sería llegar a un lugar extraño. Mientras Venezuela sigue envuelta en incertidumbre, Sandro prefiere apostar por el presente y construir futuro donde logró empezar de nuevo.

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