Trabajo sexual, calor y controversia en calle 17: El polémico 'outfit' en el suburbio de Guayaquil
Entre mallas y lencería, las trabajadoras de la 17 desafían el calor y las críticas de los vecinos. Un recorrido por el corazón del suroeste

Otro de los ‘looks’ frescos de las ‘chicas’ para la época lluviosa.
En el suroeste de Guayaquil, nadie llama más la atención que las trabajadoras sexuales de la calle 17. No importan los autos, el esmog que dejan los carros ni los pitos ensordecedores de las bocinas o los gritos de los comerciantes; ellas son las ‘dueñas’ de la calle, ya sea bajo el extenuante sol o una ligera llovizna.
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Es un espacio ganado casi a pulso. A diario lucen atrevidas prendas que no pasan desapercibidas ante las inquisidoras miradas de los ciudadanos, entre ellos ‘pelados’ y adolescentes que transitan por esta vía para dirigirse a negocios cercanos, a sus viviendas, a centros educativos o simplemente como parte de su ruta diaria.
Algunas sexoservidoras, que se instalan todas las tardes y noches desde la calle Salinas (más conocida como la popular 18) hasta la avenida Portete, a lo largo de al menos seis cuadras, prefieren usar randas, mallas y ropa íntima como parte de su ‘outfit’.
Guayaquil
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Entre la audacia y la queja de los moradores
Para ciertos vecinos, ese tipo de vestuario resulta excesivo. Carmen Soria, una mujer de la tercera edad, considera que no es adecuado, incluso tratándose de trabajadoras sexuales.
“Uno como anciano ya no está para considerar eso como bueno, de ninguna manera. De hecho, es algo que evito ver porque me da pena cómo se exponen así”, menciona.
Ella, junto con otras moradoras, jugaba bingo en una acera de la calle 16 cuando fue consultada. Todas dijeron conocer la situación, pues aseguran que ocurre a diario en este sector del Puerto Principal.

Por el calor o para provocar clientes, las mallas ‘zumban’ en las veredas del suroeste porteño.
“Están a la vista de todos. Cualquier niño, niña, mujer u hombre que pase se queda viendo, porque es un poco extraño que una mujer esté casi desnuda en plena 17. Nosotras hasta nos reímos de ver la audacia que tienen para llamar la atención”, intervino una de las ‘bingueras’.
Impacto visual: El debate sobre el ejemplo para los menores
Stefany, una de las sexoservidoras que se ubicaba en la 17, le dijo a EXTRA que este tipo de vestimenta no solo es una forma de aliviar el calor y la sensación térmica que soporta la ciudad en la actual época lluviosa (entre 24 °C y 33 °C), sino también una estrategia para atraer a potenciales clientes.
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“En mi caso intento estar llamativa y sexy, pero creo que sí hay compañeras que confunden provocar con vestirse de manera vulgar y andar semidesnudas frente a los ciudadanos. Todo es por la competencia”, sostiene.
Además, explica que “el calor afecta bastante” y recuerda la experiencia de una amiga.
Las vestimentas provocativas de las trabajadoras sexuales se ven a diario. La ‘cachina’ tipo vestido de malla, de hecho, se repite con regularidad.
“Conocí a una amiga que trabajaba en un local y luego en la 17. Se hizo estable y era tranquila para trabajar, por eso le iba bien. Después de unos meses que la volví a ver estaba quemada por el sol y me quedé con la boca abierta, porque estaba moreteada y tenía manchas en la piel. Le pregunté qué le había pasado y me dijo que casi no se ponía en la sombra, que pasaba el día cubriéndose apenas con un pilar”, relata.
Finalmente, Lilia, madre de familia del suburbio, señala que este comportamiento no le parece adecuado porque “no representa un buen ejemplo para los menores”.