Ecuador en el ranking del placer online: El 21 % de usuarios de plataformas para adultos son mujeres
Usuarias de entre 18 a 60 años dominan la demanda de esta plataforma para adultos. Pagan hasta 50 dólares por videos y fotos

El deseo femenino se volcó a las plataformas para adultos.
Tiene 30 años y unos ojos negros enormes que ocupan casi la mitad de su rostro. Su cuerpo, trabajado y pulido, recuerda al de un modelo juvenil de ropa interior; sus dedos son largos y su trasero tiene una forma perfecta, como un mango de exportación. Lo conocen como “23 centímetros”. Es un joven observador, educado y meticuloso, incluso cuando se trata del deseo ajeno.
Se mueve entre solicitudes de fotografías y videos sensuales —a veces explícitos— que llegan, casi siempre, de mujeres. Desde hace un año y medio, la demanda no ha hecho más que crecer. Cada semana suma hasta 85 nuevas suscriptoras, revela a EXTRA. Ellas hablan de curiosidad y de la necesidad de un trato más privado, menos expuesto. Hay jóvenes de 18 años, mujeres de 30 y 40, y también una señora de 60 que, desde algún lugar invisible, observa y participa.
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Las cifras acompañan la escena. Un análisis de datos de la plataforma, realizado por el sociólogo Rubén Aroca, revela que el 24 % de quienes se inscriben en OnlyFans en América Latina y el 21 % en Ecuador son mujeres. Detrás de cada porcentaje hay una historia mínima: un deseo contenido y una pantalla encendida en silencio.
En el país, el mercado de usuarios se concentra en Guayas, Pichincha, Manabí y Azuay. Ecuador ocupa el puesto 25 en el ranking global de usuarios y el ingreso mensual promedio de los productores de contenido en la región latinoamericana bordea los 180 dólares.
—Quiero que juguemos a que tú eres uno de mis clientes y que cuando yo te visite en la cárcel tú me secuestras en la celda…
—Sí…
Así son algunas de las interacciones en el mercado del deseo digital. No hay un solo perfil de mujer al otro lado de la pantalla.
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Hay amas de casa, profesionales que apenas terminaron la primaria y abogadas con maestría. Una de ellas le pidió una fantasía ambientada en cárceles, locura y sumisión, como si ella fuera Harley Quinn y él encarnara al Joker. Para todas, las respuestas de ‘23 centímetros’ son las de un hombre atento y cuidadoso. Complacer no es un impulso, es un oficio.
Mujeres y sexualidad online
La mayoría de sus clientas busca videos personalizados y videollamadas. “Quieren que interactúe con ellas, que diga ciertas frases, que actúe de una manera específica”, confiesa en entrevista con este Diario, con la seriedad de quien entiende que las fantasías digitales también pagan cuentas.
No es un fenómeno aislado. Estudios sobre sexualidad en línea, como el publicado por la Universidad Jaume I de España, titulado Actividades sexuales online de mujeres hispanas: una oportunidad para mujeres no heterosexuales, señalan que las mujeres bisexuales y lesbianas son quienes más utilizan internet con fines de placer sexual dentro de la población hispana.
En la red encuentran información, estímulos y espacios de exploración. Lo mismo buscan las clientas heterosexuales de ‘TopoHoney’, otro productor guayaquileno de contenido para adultos

OnlyFans no es solo erotismo: muchas mujeres buscan conexión, fantasías y privacidad a través de videollamadas y videos personalizados.
Cómo empezó todo
Su historia empezó de manera casual. Las cervezas iban y venían una noche, hace dos años, cuando un amigo subió una foto celebrando la juventud compartida. No pasó mucho tiempo antes de que llegara el primer mensaje: “Quiero conocer a tu amigo”. Frente a la pantalla, armados con su teléfono móvil y luces que contornean sus atributos físicos, los productores de contenido guayaquileño conocen los deseos de sus clientas.
La respuesta fue breve:
—¿Quieres?
—Sí.
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El intercambio fue inmediato, pero hubo una advertencia. Antes de convertirse en su clienta durante dos años, él dejó claro que las llamadas —especialmente aquellas en las que ella prefería apagar la cámara— eran solo trabajo. “Mi amigo me dijo que tuviera cuidado, que no se fuera a enamorar”, recuerda, sonriendo, este joven universitario que sueña con ser modelo.
A él lo contrataron para enviar fotografías y mantener videollamadas privadas. Fueron tres mujeres, todas discretas. Ninguna se suscribió públicamente a su cuenta: temían ser descubiertas por sus esposos.
En este intercambio constante, los videos van y vienen. Cuatro por 20 dólares, una tarifa más alta que la suscripción mensual de 6 dólares a su cuenta de OnlyFans. A veces los montos suben: 30 o 50 dólares. Fantasean, cumplen sus deseos y transfieren el dinero. También hay parejas casadas: es la mujer quien paga para recibir los videos que luego comparte con su marido.
El ecosistema digital de OnlyFans
En OnlyFans hay 6.000 productores hombres y 4.920 mujeres que ofrecen sus servicios a 47.460 suscriptores activos, según datos de la plataforma.
Maritza forma parte de este ecosistema digital. Reservada y segura de su atractivo, empezó a vender contenido en 2020. Hace cinco años que monetiza su imagen. Sus clientes eran hombres y mujeres, ellas entre 27 y 48 años. “La persona más adulta que me escribió tenía 53”, recuerda.
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El mercado del deseo digital en Ecuador crece: mujeres buscan privacidad y experiencias personalizadas.
Las mujeres pedían algo distinto: querían ver su rostro, sus gestos, la manera en que experimentaba placer. “Eran más emocionales que los hombres”, dice. Preferían las videollamadas, los detalles, las manos en primer plano. Con el tiempo, Maritza dejó de producir contenido. La plataforma sigue ahí.
Del arte al debate
Mientras acaricia su vientre, en el que guarda un embarazo de cinco meses, Lucía, community manager, recuerda cómo OnlyFans apareció en los buscadores de noticias que revisa a diario para alimentar el contenido de una revista digital. Una noticia la impactó: el Museo del Prado, uno de los más famosos de España, tenía una cuenta en la plataforma.
“La abrieron para subir el arte desnudo que otras plataformas censuran. Era 2017. Yo no tuve que pagar”, recuerda.
La imagen de La maja desnuda quedó grabada en su memoria. “Me pareció una linda experiencia, pero después me olvidé de esa cuenta”.
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Lucía regresó a OnlyFans para ver el contenido de la actriz Jessie Cave, quien interpretó a Lavender Brown en la saga ‘Harry Potter’. Las fotografías mostraban a una mujer de cabello rizado, peinándose frente al espejo, envuelta en una bata de baño. No lo percibió como contenido erótico. “Había leído que la sacaron de una convención de cómics por tener OnlyFans”.
Al ver las imágenes, centradas sobre todo en el cabello, Lucía consideró que la censura era exagerada. Desde entonces sigue noticias y reportajes sobre la plataforma. “Internet nos ha permitido interactuar con actrices que admiramos. Si Emma Watson abriera un OnlyFans, definitivamente me suscribiría”, confiesa.