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Diario Extra Ecuador

Confesiones íntimas virales muestran el lado más incómodo de las relaciones

Un buzón anónimo en X destapa confesiones sexuales, fetiches y dudas íntimas. Un sexólogo explica por qué el anonimato libera la sinceridad.

En la mayoría de dudas y problemas de pareja, los usuarios hablan de lo que les disgusta de su pareja.

En la mayoría de dudas y problemas de pareja, los usuarios hablan de lo que les disgusta de su pareja.Freepik

Diego Alfonso Alvarado Franco

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En X el usuario Keo (@Inkjkv) abrió un buzón anónimo que, sin ‘querer queriendo’, terminó convirtiéndose en una especie de confesionario moderno. Nada de padrenuestros ni actos de contrición: aquí se habla de sexo, deseos, dudas, manías y esos pensamientos intrusivos que casi no se dicen en voz alta.

(Lea también: Educación sexual en el mundo: de rituales antiguos a programas escolares)

Algunos entran por el chisme, sí, pero la mayoría llega con una pregunta atravesada en la garganta… o más abajo.

El éxito del buzón no es casual. El anonimato hace magia. Cuando no hay rostro, ni nombre, ni miedo al ‘qué dirán’, la gente se suelta. Y lo que aparece es una radiografía bastante honesta de cómo se vive -y se sufre- la sexualidad.

Para entender qué hay detrás de estas confesiones y dudas, el sexólogo ecuatoriano Edison Pazmiño pone paños fríos, contexto y una que otra verdad incómoda.

Un estudio publicado en la revista CyberPsychology & Behavior concluyó que a mayor anonimato, mayor disposición a revelar información sexual en línea. Los investigadores señalaron que cuando las personas no pueden ser identificadas, disminuye el miedo al juicio.Detalle.

Estas son algunas de las dudas y las respuestas del especialista

“Una amiga siempre me envía fotos sugerentes, incluso del c…, pero en persona nunca coquetea conmigo. ¿Cree que soy gay?”

Según Pazmiño, aquí no hay que sacar conclusiones apresuradas. Explica que muchas personas tienen comportamientos sexuales distintos en lo digital que en lo presencial. “Hay gente a la que le excita enviar fotos, mostrarse, jugar desde la distancia. Eso no significa que vaya a replicar lo mismo cara a cara”, señala.

El especialista aclara que no se trata de una percepción sobre la orientación sexual del otro, sino de métodos distintos de excitación. En palabras simples: lo que prende en redes no siempre prende en vivo. “Puede haber seducción sin intención de concreción”, resume.

“¿Es normal que al chico que estoy conociendo no le gusten los besos ni los mimos, pero sí quiera intimidad?”

Pazmiño va directo al punto: todo depende del “para qué”. Si la relación está planteada desde lo netamente sexual, no todos buscan caricias, abrazos o besos largos. Algunos van directo al grano.

Además, recuerda que no todos manejan el mismo lenguaje del amor. “Hay personas cero melosas, pero eso no significa que no deseen o no sientan”, explica. También lanza una bomba incómoda: a veces el problema no es el afecto, sino cómo se lo expresa. Detalles como el aliento, la forma o la intensidad pueden jugar en contra. Compatibilidad, dice, es la palabra clave.

“Mi novio no me mira a la cara en el misionero y trata de tapármela. ¿Por qué pasa eso?”

Aquí el abanico de posibilidades se abre. Pazmiño menciona desde incomodidades físicas hasta fantasías sexuales no verbalizadas. “Puede ser algo que no le resulta agradable o, en otros casos, una forma de excitarse imaginando otra escena u otra persona”, explica.

Edison Pazmiño, sexólogo.

Edison Pazmiño, sexólogo.Cortesía

No es necesariamente rechazo, aclara, sino un patrón de comportamiento sexual que puede resultar raro para quien lo recibe. La recomendación implícita: hablarlo, aunque incomode.

“Mi novio me prohíbe subir fotos mostrando piel, pero él vive dando ‘me gusta’ a fotos de otras chicas, incluso compañeras de la U. ¿Por qué lo que en mí le molesta, en otras le encanta?”

Aquí el silencio dice más que mil gemidos. El doble discurso suele estar ligado al control y a los celos, no al amor. Aunque Pazmiño no lo maquilla: cuando alguien intenta regular el cuerpo del otro, mientras consume sin culpa el de terceros, hay una incoherencia clara. Y eso, casi siempre, es una bandera roja.

“Si no puedes estar en una relación sin sexo, entonces no es amor”

Pazmiño desmonta la frase sin anestesia. “Sexo y amor no son lo mismo”, afirma. Se puede tener sexo sin amor y amor sin sexo. Hay parejas que se aman y deciden esperar, y otras que tienen sexo aunque el amor ya se haya ido.

El problema aparece cuando el sexo se usa como moneda de cambio. “Eso de ‘dame la prueba de amor’ es manipulación”, dice tajante. Para él, todo vuelve al famoso “para qué”: ¿me acuesto contigo por deseo, por cariño, por costumbre o por presión?

“Mi novio nunca baja al ‘pozo’. Dice que le da asco y hasta arcadas. Soy súper higiénica, ¿es normal?”

Sí, es normal. Y no, no siempre tiene que ver con higiene. Pazmiño explica que el asco es un proceso neurofisiológico y que cada persona tiene umbrales distintos. “Así como hay gente que se come un chontacuro feliz de la vida, otros lo ven y vomitan”, ejemplifica.

Malas experiencias previas, olores, aprendizajes o simples gustos pueden condicionar estas prácticas. “No es falta de amor, es que no le gusta”, resume. Para algunos es excitante, para otros simplemente no va. Y eso también es parte de la diversidad sexual.

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