Trabajadoras eróticas y personas discapacitadas: el análisis de experta ecuatoriana
Trabajadoras sexuales se capacitaron para 'atender' a discapacitados. Experta ecuatoriana afirma que el deseo no desaparece pese a las limitaciones

Imagen referencial. Especialista ecuatoriana recuerda que las personas con discapacidad también tienen deseos.
Una iniciativa en Uruguay, donde trabajadoras sexuales se capacitan para satisfacer a personas con discapacidad, ha encendido el debate sobre el derecho a la sexualidad. Para la coach ecuatoriana Marianela Morales, el caso obliga a poner el foco en una realidad ignorada: “también tienen vida afectiva, deseos y necesidades de intimidad”.
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El proyecto, que incluye varios meses de formación con profesionales de la salud, busca ofrecer un acompañamiento seguro y adaptado a distintas condiciones, como discapacidades físicas, cognitivas o psicosociales.
Aquello, no ha parado de ser criticado en redes, como el usuario @0xCphrpnk, quien cuestionó: “¿Desde cuando el sexo es una necesidad?”.
La iniciativa es liderada por la activista Karina Núñez, quien ha defendido el enfoque como una forma de inclusión. Según explicó, el objetivo es abordar la sexualidad desde “una mirada integral: inclusión, bienestar emocional y derechos”.

Así fue la capacitación en Uruguay para sexoservidoras sobre atención a personas con discapacidad.
Pese a la controversia, Núñez asegura que los efectos ya son visibles. Algunas familias han reportado reducción del estrés, mejoras en la convivencia e incluso una disminución en el uso de ansiolíticos.
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Dicha activista, quien se define como parte de la cuarta generación de trabajadoras sexuales en su familia, insiste en que el objetivo es “derribar barreras históricas”.
El sexo no es privilegio
Desde el análisis de Morales, este tipo de propuestas parten de una necesidad real que durante años ha sido invisibilizada. “La sociedad ha tendido a negar esta dimensión, como si la sexualidad fuera un privilegio de unos pocos”, señala. En ese sentido, considera que la capacitación puede contribuir a que el trato sea más respetuoso, informado y seguro.
Sin embargo, advierte que el debate no es lineal. Por un lado, se abre la puerta a reconocer derechos históricamente relegados; pero por otro, existe el riesgo de reforzar estigmas.
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“Podría instalar la idea de que las personas con discapacidad solo pueden acceder a la sexualidad a través de servicios pagados”, explica, subrayando la importancia de acompañar estas iniciativas con educación sexual e inclusión social.
Para Morales, en Ecuador, donde hablar de sexualidad en este contexto sigue siendo un tema sensible, un proyecto similar aún enfrentaría resistencias. Aun así, la experta considera que es posible avanzar si se prioriza un enfoque de derechos, con acompañamiento profesional y diálogo abierto.
Reaprender la intimidad
El impacto de adquirir una discapacidad no es solo físico, también transforma la forma en que una persona se percibe a sí misma y su relación con la intimidad, según la especialista Morales.

Marianela Morales, ecuatoriana y coach en sexualidad.
En este proceso, dice, surgen dudas profundas: “se preguntan si seguirán siendo deseadas o si su vida sexual cambiará por completo”.
En ese camino, una experiencia acompañada puede ayudar a “reconectar con la autoestima, el placer y la confianza”, no solo desde lo corporal, sino como parte de la recuperación del bienestar emocional.
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