Opinión
Columnas: La frase típica de Correa: “Prohibido olvidar”...
En cierta parte del mundo existe un monumento denominado “Los 3 monos sabios”, en el cual uno de ellos se tapa los ojos para no ver, el otro se tapa la boca para no hablar y el siguiente se tapa los oídos para no oír.
En cierta parte del mundo existe un monumento denominado “Los 3 monos sabios”, en el cual uno de ellos se tapa los ojos para no ver, el otro se tapa la boca para no hablar y el siguiente se tapa los oídos para no oír.
Esta situación se dio en el régimen de Correa, en donde se atentó contra los derechos humanos, se podría decir que todos en una u otra forma fuimos perjudicados por el campeón del insulto: a los maestros les decía “profesores-tira piedra”, a los periodistas “prensa corrupta” y así por el estilo. Destilaba odio en contra de la sociedad. Ahora se lo implica en las investigaciones del asesinato del general Gabela, y en el secuestro del Ab. Balda. Su repuesta es que no se acuerda, que no sabe por qué lo acusan...
Para insistir lo que pasó en su década perdida recordemos los casos del Pativídeo, las coimas Odebrecht, el comecheque, los sobreprecios en tantos contratos. El caso Yachay, su intervención en justicia, la SENAIN. Caso Jorge Glas y de varios ministros ahora en la cárcel. Recordemos que le quitó la personería jurídica y sus edificios a la UNE y a la Fundación Pachamama.
Además, los abusos en las sabatinas. El caso de los radares chinos, el apoyo económico de las FARC a su campaña y a su gobierno. Además, él ocultó la deuda externa desde 2008. El desfalco al IESS y a la CFN con apoyo de sus directivos, las mentiras del 30S. El caso de El Universo, la persecución a Bonil, Carlos Vera, Jorge Ortiz, Janet Hinostroza, Emilio Palacio y otros más.
Existen muchas denuncias de la década perdida y este espacio resulta pequeño para difundir los malos momentos que vivió el país. Espero que se haga justicia y que al principal responsable de estos acontecimientos, junto a sus cómplices, le caiga todo el peso de la ley.
Por el Lic. Ricardo Ordóñez Jaramillo