Editorial: Una decisión que cuesta vidas
Es urgente que las autoridades encuentren una salida a este problema. La paralización de un sistema no puede seguir cobrando más víctimas en las carreteras
Los radares de control de velocidad, siempre que funcionen sin trampas ni fines recaudatorios, son herramientas claves para reducir accidentes en las carreteras del país. Así lo volvió a demostrar la tragedia ocurrida en la vía a Daule, a la altura de Puente Lucía. Desde hace más de un año, los radares instalados en provincias como Guayas, El Oro, Los Ríos y Cañar dejaron de operar. Las razones han sido múltiples: contratos irregulares, fallas en la calibración y denuncias de que fueron usados como simples mecanismos para ‘meter la mano al bolsillo’ de los conductores mediante multas excesivas. Sin embargo, la suspensión de estos dispositivos dejó a peatones y conductores responsables a merced de quienes confunden las vías con pistas de la Fórmula Uno.
Hoy, la ausencia de controles efectivos se traduce en exceso de velocidad, imprudencia y muerte. Como ocurre casi siempre, el peatón es el más perjudicado, pagando con su vida la irresponsabilidad de quienes están al volante y violan constantemente las normas de tránsito.
Es urgente que las autoridades encuentren una salida a este problema. La paralización de un sistema no puede seguir cobrando más víctimas en las carreteras. Cada día sin controles adecuados convierte a las vías en una amenaza.