Editorial: Dos años y nada ha cambiado
Sin una política integral que combine la depuración institucional, la inteligencia real, el control del dinero ‘chueco’ seguirá siendo solo una etiqueta vacía
A pocos días de que se cumplan dos años desde que se declaró el conflicto armado interno, es importante hacer una reflexión y reconocer que, en el fondo, poco o nada ha cambiado. Los ecuatorianos siguen siendo víctimas colaterales de la violencia criminal; los estados de excepción se estiran como chicle para enfrentar a un enemigo que ya no tiene una sola cabeza, sino miles, resultado del fraccionamiento de las organizaciones narcodelictivas. Además, la corrupción sigue arraigada en la justicia, en las fuerzas del orden y hasta en las más altas esferas del poder.
Poco se puede avanzar cuando la improvisación se convierte en la guía para enfrentar un conflicto de esta magnitud. La construcción de nuevas cárceles, la captura de líderes y los operativos son insuficientes si el Estado se limita a reaccionar ante los hechos violentos, en lugar de abordar las causas profundas del problema, que hace tiempo han mutado y se han multiplicado.
Persistir en la misma estrategia y esperar resultados diferentes es una forma de engaño colectivo. Sin una política integral que combine la depuración institucional, la inteligencia real, el control del dinero ‘chueco’ y la prevención social, el conflicto armado interno seguirá siendo solo una etiqueta vacía.