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Opinión

Editorial: El trabajo infantil

Miles de niños ecuatorianos (solo en Quito se ha calculado que hay más de 25 mil) trabajan prematuramente debido a las grandes necesidades económicas de sus respectivos hogares, saliendo diariamente a las calles a cumplir los más variados oficios, desde la venta informal a la mendicidad, en una edad en que necesitan ser protegidos y orientados por sus padres o familiares más cercanos. Una edad primera que debe estar destinada para el aprendizaje escolar, para los juegos infantiles, y sobre todo, garantizando una seguridad de que los menores están desprovistos cuando salen a ganarse la vida en la vía pública.

Esta realidad, que cada vez es más preocupante y dramática por el número de infantes que se incorporan al trabajo no solo por iniciativas personales, sino también por empresas que los usan aprovechando la situación para pagarles salarios insignificantes. Y así vemos a niños trabajando, por ejemplo, en minas o canteras donde desempeñan unos duros oficios impropios para su edad.

Esta lamentable situación en que está sumida buena parte de la población infantil ecuatoriana representa, además, el peligro de que los niños callejeros o trabajadores sufran permanentemente agresiones sexuales o sea introducidos a su corta edad en la sucia actividad de la prostitución.

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