Editorial: Tanta formación... ¿para qué?
En Quito y Guayaquil se repiten las quejas por exceso de velocidad, maniobras imprudentes y falta de respeto a las normas

Los accidentes de buses en Ecuador no son hechos aislados: reflejan problemas de control, condiciones laborales y cultura vial.
Se supone que quienes conducen buses de transporte público no son improvisados. Para llegar a esa categoría, los llamados profesionales del volante deben formarse, aprobar evaluaciones, escalar licencias y acumular experiencia. No manejan cualquier carro de carga: llevan decenas de vidas a bordo todos los días.
Quito
Moto embestida por bus: Municipio de Quito asegura que sancionará a cooperativa implicada
Miguel Ángel González
Sin embargo, la realidad en las calles dice otra cosa. En Quito y Guayaquil se repiten las quejas por exceso de velocidad, maniobras imprudentes y falta de respeto a las normas.
Y fuera de las grandes urbes, los hechos pueden ser incluso más fatales. Recientemente hubo buses involucrados en siniestros en zonas como Colta, en Chimborazo, o Quinindé, en Esmeraldas, con muertos y decenas de heridos. No son incidentes menores.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿qué está fallando? Si el sistema exige formación y certificación, ¿por qué la conducción riesgosa se repite? ¿Se controla realmente a los conductores? ¿Se revisa el estado de las unidades? ¿O el problema está en cómo funciona el propio sistema de transporte?
Porque cuando un bus se accidenta, no es solo un error individual. Es una cadena de fallas: control, fiscalización, condiciones laborales y cultura vial. Y mientras no se asuma eso, el título de ‘conductor profesional’ seguirá en entredicho cada vez que ocurre un nuevo siniestro.