Editorial: Territorios sin presencia del Estado
EXTRA, a partir de un amplio informe académico, desnudó la realidad de una parroquia fronteriza con Colombia donde el Estado tiene una presencia parcial
Cuando el Estado se retira de los territorios y su presencia se vuelve apenas decorativa, no es un descuido, es una advertencia ignorada. En ese vacío se instalan otros poderes. Disidencias de las guerrillas colombianas han llegado al norte del país para ofrecer a los pobladores lo que los gobiernos de turno les quitaron: educación, salud y hasta trabajo. Nada es gratis. El precio es el silencio, la obediencia y la sumisión.
EXTRA, a partir de un amplio informe académico, desnudó la realidad de una parroquia fronteriza con Colombia donde el Estado tiene una presencia parcial o, en algunos casos, inexistente. Allí, sin alboroto ni discursos, quienes mandan son los criminales. Regulan la minería ilegal, controlan el contrabando y dominan el tráfico fronterizo, actividades ilegales que han terminado dinamizando la economía local.
Este escenario de régimen paralelo se asentó sobre la deuda histórica de los gobiernos en materia social. Mientras el Estado falla, el crimen organizado ocupa su lugar.
El resultado es una herida silenciosa pero profunda. Un Estado que pierde soberanía no solo con balas, sino con abandono. Y cuando el crimen empieza a gobernar ‘mejor’ que la autoridad, la pregunta ya no es quién manda, sino cuánto territorio estamos dispuestos a perder.