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Opinión

Editorial: Playas y parques abiertos

Durante un tiempo bastante largo, más de cuatro meses, desde que los efectos del coronavirus se hicieron presentes en nuestro país, la vida al aire libre, con la saludable y agradable proximidad de la naturaleza, quedó prohibida en los balnearios con el uso de sus extensas y acogedoras playas, y en las ciudades al cerrarse los parques, situación que fue impuesta por las autoridades con el fin de evitar más contagios y muertes.

Habiendo entrado, por la metáfora establecida ante la emergencia sanitaria, en la ‘luz amarilla’ que sucede a la severa ‘roja’, en las playas (comenzando por los balnearios de Esmeraldas) se levantó la prohibición a los turistas, aunque observando ciertas restricciones para que las aglomeraciones no afecten la salud de la población. Y en Guayaquil se comenzaron a abrir las puertas de los parques, siendo siete los primeros en los que se admiten visitantes, mientras que los demás se irán abriendo de acuerdo con el comportamiento de la población frente a las medidas restrictivas planteadas, entre las cuales se observa que estas áreas verdes se podrán visitar durante una hora por persona. La próxima semana, cinco parques más quedarán aptos para los concurrentes.

Una medida que alegra indudablemente a quienes usan estos lugares de tranquilo apaciguamiento, ya para descansar de las fatigosas horas de trabajo, ya para que los niños jueguen al aire libre y también para realizar caminatas vigorizantes y hasta ejercicios.

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