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Diario Extra Ecuador

Desalojo en la Catedral de Quito: arrendatarios en resistencia siguen atendiendo

Locales de comida típica continúan abiertos en los bajos de la Catedral Metropolitana pese a la terminación de contratos. Guardan esperanza de seguir

Pese a que el contrato se venció el 31 de diciembre, los locales siguen funcionando.

Pese a que el contrato se venció el 31 de diciembre, los locales siguen funcionando.ANGELO CHAMBA

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En los bajos de la Catedral Metropolitana, en plena Plaza Grande, la actividad no se detiene. Aunque los contratos de arriendo ya vencieron, los locales de comida típica siguen atendiendo al público. Sus arrendatarios han optado por mantenerse abiertos mientras esperan una decisión definitiva de la Iglesia.

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No hay anuncios formales de cierre ni presencia de fuerza pública. La resistencia, por ahora, se expresa en la rutina diaria: ollas encendidas, mesas ocupadas y comerciantes que siguen trabajando pese a la incertidumbre.

“Aquí no ha pasado nada”

Guadalupe Tito, arrendataria de uno de los locales y con 40 años de trabajo en el sitio, asegura que la decisión ha sido clara: no cerrar mientras exista una posibilidad de diálogo.

“Estamos trabajando como todos los días, gracias a Dios porque nos da salud y vida y podemos seguir trabajando. Aquí no ha pasado nada”, afirma mientras atiende a los clientes.

Para ella, mantenerse activa es también una forma de resistencia. “El trabajo es vida”, insiste, convencida de que cerrar significaría renunciar a toda una vida dedicada a ese espacio.

Adultos mayores en zozobra

La situación genera especial preocupación entre los arrendatarios de mayor edad, que no han logrado reubicarse. Alicia Guevara, de 80 años, admite que vive en zozobra ante un eventual desalojo.

“No he conseguido un nuevo local”, cuenta. Su pedido es puntual y urgente: “Yo les voy a pedir a los curas que me dejen por lo menos terminar la mercadería que tengo”, dice, mientras continúa atendiendo.

Entre lágrimas, el temor a quedarse sin nada

En la Dulcería Colonial, los platos siguen sirviéndose, pero el ambiente es distinto. Una de sus empleadas, con 22 años de trabajo, contó a EXTRA que un eventual cierre del local la dejaría sin sustento.

Dueños de locales y empleados sufren ante la posibilidad del cierre.

Dueños de locales y empleados sufren ante la posibilidad del cierre.ANGELO CHAMBA

“Me quedo en la calle”, dice entre lágrimas. Su preocupación es inmediata: “Nadie me va a contratar ahora y tengo tres hijos que mantener”, comenta.

Detrás de cada local, advierten los comerciantes, hay trabajadores que no figuran en los contratos, pero dependen directamente de que las puertas sigan abiertas.

Contratos vencidos y diálogo pendiente

Los arrendatarios reconocen que fueron notificados con anticipación sobre la terminación de los contratos, pero sostienen que no existió un espacio de diálogo previo. El feriado de inicio de año, aseguran, complicó cualquier intento de mediación.

Guadalupe Tito explica que recién este lunes esperaban ser llamados para conocer una decisión. “Nos dijeron que al mediodía nos van a llamar de uno en uno a ver qué decisión toman”, señala.

Hasta el cierre de esta nota no hubo resolución por parte de los sacerdotes a cargo de este espacio.

La postura legal del Cabildo Primado

El 31 de diciembre de 2025, el Cabildo Primado de Quito difundió un comunicado en el que defiende su actuación. La Iglesia sostiene que mantuvo relaciones contractuales formales con todos los inquilinos y que los contratos concluyeron por el plazo pactado, sin renovación.

Según el documento, la Administración notificó la terminación con 90 días de anticipación, conforme al artículo 33 de la Ley de Inquilinato, y recalca que la decisión no es arbitraria ni abusiva, sino una facultad legal del propietario cuando se cumplen los plazos contractuales. 

EXTRA intentó pedir más información sobre la situación y la posible negociación con los arrendatarios, pero la respuesta fue que "todo se había dicho en el comunicado".

Un conflicto abierto en un espacio simbólico

El caso expone una tensión que va más allá de lo jurídico. De un lado, el derecho del propietario; del otro, negocios históricos, adultos mayores y trabajadores que dependen de estos locales para subsistir.

Alicia no puede contener las lágrimas al hablar de perder su negocio de toda la vida.

Alicia no puede contener las lágrimas al hablar de perder su negocio de toda la vida.Karina Defas

Mientras no exista una orden de desalojo, los fogones siguen encendidos. En los bajos de la Catedral, el conflicto no se vive solo en documentos legales: se siente en la zozobra, en las lágrimas y en la espera diaria de una decisión que aún no llega.

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