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Diario Extra Ecuador

Tras la captura de Maduro: ¿fin del chavismo o continuidad del poder?

La caída de Nicolás Maduro no significó la caída automática del régimen. Analistas advierten que el control sigue en disputa ¿Qué busca Estados Unidos?

En Caracas, los murales de Nicolás Maduro siguen intactos.

En Caracas, los murales de Nicolás Maduro siguen intactos.EFE

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La captura de Nicolás Maduro marcó un punto de quiebre simbólico en la política venezolana, pero no significó el desplome instantáneo del chavismo. El poder, coinciden los expertos, no estaba concentrado únicamente en la figura del mandatario, sino en una estructura más amplia que sigue operando.

(Te puede interesar: Los cargos que enfrenta Nicolás Maduro y su esposa en la acusación de EE. UU.)

“El que haya sido capturado Nicolás Maduro no implica necesariamente la terminación del régimen”, señala Bernardo Gortaire, politólogo internacionalista, al advertir que el país enfrenta un proceso atípico, fuera de los manuales clásicos de transición.

“No responde a los criterios tradicionales de cambio de poder. Es una situación completamente particular”, agrega.

En Venezuela, cayó Nicolás Maduro y hay quienes proclaman libertad.

En Venezuela, cayó Nicolás Maduro y hay quienes proclaman libertad.Canva

Tres fuerzas que disputan el control

Gortaire identifica tres vertientes que hoy se cruzan en el escenario venezolano.

  • Estados Unidos: que anunció que asumirá un rol central en la administración de la transición y dejó abierta la posibilidad de nuevas acciones militares si no hay cooperación.
  • El chavismo: que mantiene el control institucional, reconoce a Maduro como presidente legítimo y sostiene que la estructura del poder sigue vigente.
  • La  oposición:  que insiste en que el gobierno debería recaer en Edmundo González, a quien considera ganador legítimo de las elecciones de 2024, aunque sin respaldo explícito de Washington en esta fase inicial.

“Estas posiciones entran en una amalgama confusa, sin una hoja de ruta clara”, resume el politólogo.

La base legal que invoca Washington

Desde otra perspectiva, el internacionalista Santiago Carranco Paredes centra su análisis en el marco jurídico que Estados Unidos utiliza para justificar su actuación. Según explica, Washington no presenta la operación como un acto de guerra.

“Estados Unidos ataca a Venezuela bajo su ley interna. No lo ve como una guerra, sino como lucha contra el terrorismo”, afirma, en referencia a la legislación adoptada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y a los vínculos que se atribuyen al régimen con el Cartel de los Soles.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, habló sobre la captura de Nicolás Maduro.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, habló sobre la captura de Nicolás Maduro.Gobierno Estados Unidos

Ese argumento, sin embargo, tiene un límite claro. “En el momento en que Estados Unidos entra a gobernar, ahí sí se consolida la agresión”, advierte Carranco.

Delcy Rodríguez, la pieza clave

En ese delicado equilibrio aparece Delcy Rodríguez, vicepresidenta y hoy una de las figuras más determinantes del proceso. Ya fue reconocida por las Fuerzas Armadas como presidenta encargada. 

Trump la calificó públicamente como “una mujer amable” tras contactos con Marco Rubio, pero poco después ella endureció su discurso, atacó a Estados Unidos y pidió el retorno de Maduro.

“Es impredecible lo que puede pasar”, señala Carranco. A su criterio, si Rodríguez negocia los intereses que busca Washington, el objetivo estadounidense podría limitarse a un cambio de interlocutor.

“A Trump no le interesaría un cambio de régimen, sino un cambio de interlocutor con quien sí se pueda hablar”, sostiene.

Gortaire coincide en que su perfil tiene lógica desde lo pragmático, aunque advierte que su margen depende del respaldo interno. “Es una figura relevante, con experiencia y más cercana al ala civil que al militar”, apunta, aunque aclara que todo dependerá de la reacción de las otras cúpulas del chavismo.

El factor militar como árbitro del proceso

Ambos expertos coinciden en que el desenlace no se definirá solo en el plano político o diplomático, sino en el estamento militar.

“El escenario opuesto a una transición pacífica es el levantamiento armado”, alerta Gortaire, recordando que Venezuela cuenta con estructuras militares y grupos armados que podrían escalar el conflicto.

Carranco complementa esa lectura con un análisis interno de las Fuerzas Armadas: “Hay que analizar tres niveles: las cúpulas militares, los mandos intermedios y la tropa”. Si alguno de esos escalones se fractura, advierte, la legitimidad del poder podría erosionarse rápidamente.

Un régimen golpeado, pero aún operativo

Aunque el chavismo conserva control institucional, Carranco sostiene que el régimen sí ha sufrido daños relevantes. “No creo que siga intacto; está bastante golpeado, sobre todo los canales vinculados al narcotráfico”, afirma.

Fotografía de archivo de la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez.

Fotografía de archivo de la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez.EFE.

Sin embargo, ese desgaste no ha sido suficiente para provocar una caída inmediata del sistema.

Sin cambio radical a corto plazo

Sobre las expectativas ciudadanas, Carranco es directo: “Un cambio radical, por ahora, no”. A su juicio, Estados Unidos ya habría alcanzado su objetivo principal y no avanzará hacia una administración directa del país.

Gortaire refuerza esa idea al advertir que no existe un marco legal ni garantías para una transición plenamente democrática. “Es un evento traumático, con riesgos de inestabilidad interna y regional”, señala.

Un proceso que tomará décadas

Más allá de quién administre el poder en el corto plazo, ambos coinciden en que el desafío real es de largo aliento.

“No hablo solo del cambio de régimen, sino de la reconstrucción del tejido social y económico venezolano”, afirma Carranco. Ese proceso, sostiene, tomará décadas.

Por ahora, Venezuela entra en una etapa marcada por la incertidumbre, negociaciones reservadas y discursos públicos confrontativos. La captura de Maduro no cerró un ciclo: abrió un periodo aún más complejo, en el que el poder sigue en disputa.

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