Quito: Las deudas pendientes en la gestión municipal para 2026
Movilidad, residuos sólidos, seguridad vial y grandes proyectos marcan la agenda inconclusa. Se advierte una crisis de gestión y de modelo de ciudad

La compra de Trolebuses tiene un informe de Contraloría donde se hallaron irregularidades.
Quito cerró 2025 con una agenda inconclusa. Movilidad, residuos sólidos, seguridad vial, empleo y grandes obras figuran entre los principales temas que la ciudad arrastra hacia 2026, en medio de un debate que ya no se limita a la ejecución de proyectos, sino que cuestiona la forma en que se está administrando la ciudad.
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Para el concejal Andrés Campaña, uno de los indicadores más claros de esta situación es la ejecución presupuestaria. Hasta finales de noviembre, según su análisis, la ejecución del Municipio alcanzaba apenas un 62%, pese a que cada año se aprueba un presupuesto en función de lo que debería ejecutarse.
“El problema no es solo cuánto dinero se tiene, sino la capacidad para convertirlo en soluciones reales para la ciudadanía”, señaló. A su criterio, esta limitación se refleja con mayor fuerza en las administraciones zonales, llamadas a ser el primer nivel de atención. En sectores como Tumbaco, la ejecución bordea apenas el 25%.
“Con todos los recursos aprobados, no se logra cumplir la planificación al 100%. Eso evidencia una incapacidad para resolver los problemas de la ciudad”, agregó.
Recursos, deuda y gestión condicionada
El año también estuvo marcado por tensiones financieras. Campaña recordó que el Gobierno Nacional acumuló una deuda de hasta 175 millones de dólares con el Municipio, que fue pagada solo de forma parcial y, en buena parte, mediante bonos a tres y cinco años, lo que postergó recursos que debían destinarse a obras y servicios inmediatos.

El alcalde de Quito, Pabel Muñoz, durante la sesión solemne.
El concejal Diego Garrido coincide en que este escenario representó uno de los mayores retos del año. Sin embargo, sostiene que, pese a estas limitaciones, la administración municipal proyecta cerrar 2025 con alrededor del 85% de ejecución presupuestaria.
Movilidad: el problema que no se resuelve
La movilidad sigue siendo el principal punto de fricción. Campaña advierte que, más allá del funcionamiento del Metro, no se ha transformado el transporte público en superficie, que continúa operando en condiciones precarias.
Cuestiona además que no se hayan aplicado mecanismos ya contemplados en ordenanzas vigentes, como el pago por kilómetro recorrido, el sistema integrado de recaudo y los sistemas inteligentes de tránsito, pese a que existen proyectos millonarios adjudicados.

En total, en dos años de funcionamiento se han hecho 116 millones de viajes.
Garrido reconoce que el empate entre el Metro y el transporte en superficie sigue siendo una deuda, pero asegura que durante 2025 hubo avances en el rediseño de rutas y frecuencias, proceso que debería concretarse en el primer trimestre de 2026, junto con la implementación del sistema de recaudo y la conocida tercera placa.
A esto se suma la siniestralidad vial, uno de los problemas más críticos de la ciudad. Garrido plantea un abordaje integral que incluya educación vial, mejor mantenimiento de vías periféricas como la Simón Bolívar y la Ruta Viva, y mayores controles técnicos y operativos.
Obras que siguen en espera
Otro de los temas sensibles es el Complejo Ambiental, clave para el manejo de residuos sólidos. Campaña advierte que el proceso estuvo bloqueado durante meses, pese a que en septiembre de 2026 Quito se quedará sin espacio para la disposición de basura.
Garrido reconoce los retrasos, pero señala que tanto este proyecto como la ampliación y mantenimiento de la Ruta Viva ya salieron del presupuesto de la Subsecretaría de Alianzas Público-Privadas, lo que permitiría retomar los procesos tras meses de espera.

El 30 de octubre hubo un fuerte accidente en la Ruta Viva, donde perecieron tres personas.
Sin proyectos emblemáticos
Para Campaña, uno de los vacíos más evidentes del año es la ausencia de proyectos emblemáticos que transformen la ciudad. Señala que, más allá de la compra de 60 trolebuses eléctricos por 35 millones de dólares, no existen inversiones de gran impacto ejecutadas durante la actual administración.
Añade que muchas de las principales promesas están previstas recién para 2026: nuevos bloques de salud, centros veterinarios, Quitopía, la Arena Bicentenario y grandes intercambiadores viales. “Recordemos que 2026 es un año preelectoral”, advirtió.
Una crisis que va más allá de las obras
Desde una mirada estructural, el urbanista Fernando Carrión sostiene que los problemas de Quito no se explican únicamente por la falta de obras.
A su criterio, la ciudad atraviesa una crisis de representación y de liderazgo, sumada a una crisis del modelo de gestión. Entre los indicadores que menciona están la baja capacidad de gasto, la dependencia financiera de casi todas las empresas municipales y un gasto corriente elevado, marcado por una nómina de alrededor de 24.000 empleados.
Carrión advierte que la lógica de ejecutar miles de obras pequeñas —en referencia a la campaña de 3.001 obras para Quito— no construye un proyecto de ciudad ni permite definir políticas públicas de largo plazo. Además, expresa preocupación por el escenario preelectoral: “Se deja de resolver el presente para ofrecer un futuro que todavía no llega”.
¿Quito renace?
En paralelo a estos diagnósticos, el alcalde Pabel Muñoz sostiene un discurso de gestión centrado en el avance y la proyección de la ciudad.

La eliminación de la Tasa de recolección de basura afectará a Quito, según el municipio.
En su intervención por la fundación de Quito, el pasado 6 de diciembre, afirmó que 2025 fue un año de adversidades, marcado por incumplimientos del Gobierno Nacional y por trabas administrativas que afectaron la inversión municipal.
En ese contexto, aseguró que su administración ha invertido 1.900 millones de dólares, con una ejecución superior al 80%, y que ya se han entregado 2.100 de las 3.001 obras proyectadas para el cierre de su mandato.
Defendió al Metro de Quito como uno de los principales hitos de su gestión, con más de 100 millones de viajes, y proyectó que 2026 será un año clave para la modernización del transporte público y la obra vial.
Los concejales coinciden con el burgomaestre en que los recursos que deben llegar desde el Ejecutivo representan una de las mayores trabas para la ciudad.
“Poder ejecutar con pagos en bonos y retrasos ha sido un desafío importante”, afirmó Garrido.
Campaña, sin embargo, apunta a que Quito no avanza tanto por las “trabas desde el Gobierno Nacional como por la inoperancia del Cabildo”. “La responsabilidad es compartida; ninguno ha hecho obras emblemáticas para la ciudad”, sentenció.
Un 2026 decisivo
Las distintas miradas coinciden en un punto: Quito llega a 2026 con desafíos profundos. Mientras el discurso oficial habla de renacimiento y proyección, concejales y expertos advierten que los problemas estructurales —movilidad, seguridad, empleo y gobernabilidad— siguen sin resolverse.
El próximo año marcará si la ciudad logra pasar del anuncio a la ejecución o si los pendientes vuelven a postergarse, una vez más, hacia un futuro que la capital sigue esperando.
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