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Diario Extra Ecuador

La falta de trabajo hizo que emprenda con el personaje de Depredador en Quito

Roberto Terraza ha mejorado sus dotes en diseño y pasó de trajes de fibra de vidrio a modelos de cuero sintético, con esponjas de diversas calidades

Roberto Terraza fabrica sus trajes en casa.

Roberto Terraza fabrica sus trajes en casa.Karina Defas

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Roberto Terraza es un hombre común de 53 años, pero cuando se dirige al Centro Histórico de Quito se transforma en el mítico Depredador.

Sí, ese guerrero extraterrestre conocido como Yautja. Le gusta ese personaje de ficción, lo ha seguido durante toda la saga desde 1987 (ya son nueve películas), y a lo largo de 10 años ha perfeccionado la construcción de su traje.

Él compara su trabajo como el de cualquier oficinista que cumple las ocho horas diarias. Solo que en su caso, su empleo lo ha llevado a visitar Latacunga, El Quinche, Otavalo o el parque La Carolina quiteño.

Sale a las calles, especialmente los fines de semana, de 11:00 a 19:00, pero cuando lo contratan para promocionar algo suele ir de tres a cuatro horas, dependiendo del acuerdo.

Entre esos otros destinos, también ha ido a bares, restaurantes, cines, fiestas de cumpleaños, tiendas y hasta night clubs. En esos casos, Roberto ha hecho las veces de impulsador de marca, animador y repartidor de volantes para que conozcan los locales.

Sobre la experiencia en las afueras de night clubs, Roberto recuerda que “todo fue fresco”. “Algunos no sabían de qué era ese local y se tomaban fotos en la puerta; pensaban que era una discoteca o incluso restaurante”, cuenta entre risas.

Una casa taller

En la parte de la sala, Roberto tiene su material de trabajo.

En la parte de la sala, Roberto tiene su material de trabajo.Karina Defas

En la entrada a su casa (ubicada en Solanda, sur de Quito) ya hay señales de que ahí ocurre algo de magia con los materiales que Roberto usa para la creación de sus depredadores.

Hay dos pares de ‘patitas’ en la entrada. Pueden ser confundidas con pantuflas, pero la realidad es que son parte del traje de trabajo.

“Cuando yo salgo a comprar pan salgo con las patitas y me dicen: ‘Vea ‘veci’, sus patitas están chéveres, véndame’", cuenta sobre cómo su disfraz es un imán de miradas y, por lo tanto, de próximos clientes y futuros contratos. El marketing actúa.

A sus vecinos les ha vendido este tipo de babuchas, algunas con cuero sintético y otras recubiertas solo de felpa, porque las personas buscan un estilo tipo ‘therians’. Se demora en promedio una semana (o hasta menos) y cuestan $25.

Entre la sala y el comedor de la vivienda que comparte con su madre, Roberto tiene repartido el resto de su indumentaria. Hay cabezas, pectorales, capas, guantes y espadas de Depredador.

Prueba y error

Roberto también repara piezas que le dejan otros compañeros.

Roberto también repara piezas que le dejan otros compañeros.Karina Defas

Lo que usa para la elaboración de trajes es goma eva, esponja, fomi, cuero sintético (o cuero de chompas viejas), alambres (para darle movimiento a los colmillos), mangueras de conexión eléctrica y hasta rieles de cajonera.

Lo que hace es una mezcla de material reciclado y elementos nuevos. “Tengo que saber de acrílico, de costura, de pintura”, comenta Roberto, quien ha ideado cómo aligerar sus trajes, autoeducándose con la ayuda de videos de YouTube.

Roberto se declara un aficionado del diseño y la arquitectura. Aunque anteriormente trabajó en ventas, catering, como mesero y servicio al cliente en general, luego de la pandemia no logró encontrar más plazas laborales y se volcó totalmente a su afición por el Depredador.

Aunque se ha especializado en este personaje extraterrestre, tiene en construcción un Optimus Prime de la película ‘Transformers’, y en su momento hizo al rey Tutankamón, Mandalorian, Darth Vader, además de caballeros medievales, entre otros.

Un trabajo en dupla

Recorren con frecuencia el Centro Histórico por ser un sitio concurriso.

Recorren con frecuencia el Centro Histórico por ser un sitio concurriso.Karina Defas

El gancho para que las personas se acerquen más es ir entre dos. Según la experiencia de Roberto, así se atrae a más clientes, que los hacen detener para una foto o los saludan.

Actualmente hace equipo con Paúl Sisalema, quien es su compañero en la ‘oficina ambulante’ que trazan recorriendo lugares concurridos.

Antes, dice Paúl, halaba gente para tatuarse y ponerse piercings a lo largo de la calle Chile, pero ahora eligió este disfraz de Depredador como su empleo. En días ‘normalitos’ se pueden hacer hasta $15 o también toparse con extranjeros que ‘de una’ les dan $20.

Entre ambos tratan de posicionar también unos llaveros del Depredador que imprime un amigo suyo en 3D.

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