Del festejo al chuchaqui: así amaneció Quito el primer día del año
Personas durmiendo en veredas, parlantes encendidos y restos de años viejos marcaron el inicio de 2026 en los barrios de la capital

Algunos ciudadanos amanecieron sobre las veredas.
El primer día del año estuvo marcado por el tráfico casi inexistente en las principales vías de la capital. Avenidas habitualmente congestionadas lucieron despejadas, con pocos vehículos y escasa presencia peatonal. Sin embargo, en los barrios la postal fue distinta.
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En sectores del centro y sur de Quito todavía se escuchaban cumbias y baladas saliendo de parlantes improvisados. Grupos de familiares y amigos prolongaban el festejo de Año Nuevo, algunos alrededor de bebidas, otros simplemente conversando tras una noche larga.
No faltaron quienes, al parecer, no alcanzaron a volver a casa y optaron por tomar una siesta —o “coger conciencia”— en plena vía pública. Varias personas dormían en veredas o junto a parterres, expuestas al fuerte sol quiteño de la mañana del 1 de enero.
Desorden y suciedad
Aunque la Empresa Metropolitana de Aseo (Emaseo EP) intensificó las jornadas de limpieza por las festividades, varias calles amanecieron con basura acumulada, botellas, restos de comida y cenizas de la quema de años viejos.
Durante un recorrido realizado por EXTRA se observaron, incluso, estructuras de tarimas que habían sido utilizadas para colocar monigotes y parlantes durante la noche y la madrugada del 31 de diciembre. En algunos puntos, los residuos permanecían junto a las aceras, sin haber sido retirados aún.

La fiesta continuó en el espacio público.
Alcohol y excesos
El consumo de alcohol fue un factor evidente en el ambiente que se respiraba en distintos sectores. Personas con signos visibles de embriaguez todavía permanecían en el espacio público, mientras vecinos intentaban retomar la rutina del feriado.
La escena contrastó con el silencio de las grandes avenidas y dejó en evidencia dos realidades paralelas: una ciudad que amaneció casi vacía y otra que seguía de celebración, entre música, cansancio y los rastros que dejó la fiesta.
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