Quito saca a la luz 38 sitios arqueológicos ocultos en su zona rural
El hallazgo se concentra en Pomasqui, San Antonio de Pichincha y Calacalí. Los vestigios van desde 1500 a.C. hasta la época Republicana

El hallazgo se concentra en Pomasqui, San Antonio de Pichincha y Calacalí.
Quito todavía guarda historia bajo tierra. En el noroccidente rural del Distrito se identificaron 38 sitios arqueológicos que revelan ocupaciones humanas de distintos períodos prehispánicos, además de vestigios de las épocas Colonial y Republicana.
El hallazgo corresponde al Valle de Lulubamba, una zona que abarca las actuales parroquias de Pomasqui, San Antonio de Pichincha y Calacalí, y que ahora vuelve a entrar en el radar por su valor patrimonial.
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La identificación fue realizada por el Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) como parte de un proyecto de delimitación, actualización del inventario y gestión de sitios arqueológicos.
Después de eso, el IMP prevé que los resultados del estudio sirvan como base para una propuesta de ordenanza orientada al cuidado, preservación y gestión de estos sitios arqueológicos.
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Los sitios encontrados corresponden a varios momentos de ocupación del territorio: el período Formativo (1500 al 500 a.C.), Desarrollo Regional (500 a.C. al 500 d.C.) e Integración (500 al 1500 d.C.), además de rastros de la época Colonial y Republicana.
Eso significa que, en una sola franja del noroccidente quiteño, se concentra una parte importante de la memoria material del territorio, mucho antes de la ciudad tal como hoy se la conoce.
Según el IMP, esta zona fue estratégica porque funcionó como una puerta de entrada hacia otras regiones, facilitando la circulación e intercambio cultural con otros pueblos.
Restauración en una zona afectada
El trabajo de campo y laboratorio se desarrolló desde finales de 2025 hasta inicios de 2026, con un equipo multidisciplinario de unas 20 personas, entre arqueólogos, antropólogos, geólogos, historiadores y restauradores.

Un hallazgo previo se realizó en el parque Rumipamba.
Como parte del proceso, el IMP informó que se ejecutó la limpieza y restauración de dos plataformas de piedra y dos sistemas de graderíos en el pucará La Marca, estructuras que estaban afectadas por la erosión del suelo y por la intervención humana.
Además, se recuperó material cultural que ahora está en fase de análisis para entender mejor cómo fue ocupado este territorio a lo largo del tiempo.
Lo que viene para estos hallazgos
Aunque la etapa de campo ya terminó, el proyecto aún está en fase final. El IMP trabaja en la elaboración de informes que luego deberán ser validados internamente y remitidos al ente rector estatal.
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Después de eso, la intención es avanzar hacia una propuesta de ordenanza que permita fortalecer la protección, preservación y cuidado de estos sitios arqueológicos.
El reto no es menor: varios de estos vestigios están en predios privados y ya muestran afectaciones. En otras palabras, no se trata solo de mirar al pasado, sino de evitar que una parte de la historia de Quito siga deteriorándose.
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