Ropa tejida para animales: Patricia Reyes y su vitrina rodante en Quito
Conozca a la emprendedora que transformó un coche de bebé en el mostrador de sus diseños tejidos para perros y gatos en el sur de Quito

Parte de su exhibición también es un gato de peluche.
Patricia Reyes González descubrió en su amor por los animales de compañía el trabajo soñado, tejiendo para gatos y perros. ¿Qué diseña? Gorritos y buzos, pero estos últimos los prefiere hacer bajo pedido.
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Del hobby al emprendimiento: 42 años de arte en crochet
De sus 62 años, Patricia lleva 42 en el arte de tejer. Aprendió viendo a su mamá, originaria de Machachi. Y de las cuatro hermanas que eran, solo ella desarrolló esta habilidad. “Después me compré unos siete libros de técnicas que todavía los tengo. Mi mami se graduó en esto, en hilados y tejidos, y yo fui la única que seguí lo mismo”, explica.
Cuenta que apenas se graduó del colegio, su idea era ingresar a la universidad, pero como aprendió a tejer, ya no continuó con el plan inicial. Patricia es de contextura delgada, usa lentes y en su cabellera predomina el plateado. Su vida siempre ha estado relacionada al comercio. Antes, ayudaba a su padre con la venta de camisetas, medias e interiores. Pero fue en la pandemia que le surgieron las ganas de tejer.
“Lo hice durante la pandemia; trabajé cuando todo el mundo se quejaba que no tenía, ahí vendía yo. Solo me ponía mascarilla y salía”, recuerda Reyes de aquella época en que salía con su perrita Chocolate, como modelo de sus trabajos.
Estos son los perritos rescatados por Patricia
Chocolate es la mayor, con 14 años, de los seis perros rescatados con los que vive Patricia en el sur de Quito. En casa la esperan Chiquitita, Buggy, Jasper y Cookie. Dado que las tardes laborales sale con Pequeñita.

Las personas se acercan para consentir más a sus mascotas.
A ella le prueba los gorros y la sube al coche de bebé que compró a siete meses plazo, hace dos años. Ese artículo ahora le sirve de vitrina rodante. “Como tengo los perritos que están envejeciendo, dije: voy a cargarlos en el coche, pero después me sirvió para trabajar”, explica la emprendedora, quien antes probó suerte llevando todo en una mochila.
Anteriormente, su modalidad de trabajo era recorrer por el Centro Histórico de Quito, pero luego le impidieron seguir circulando por esa zona. Ahora está en proceso de sacar su Permiso Único de Comercio Autónomo (PUCA). Con esa certificación, ya se sentiría tranquila.
“Era un hobby, pero ya se hizo trabajo, me representa plata. Desde el primer día mi mamá me enseñó, ya me pagaba por ayudarle, de ahí me encantó”, añade Patricia, quien se mantiene tejiendo y conversando. Además del tejido, ella sueña con incorporar dos cosas más en un futuro negocio que lo tiene mentalizado: cafetería, gimnasio y el taller para enseñar a tejer.
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Precios, horarios y el sueño del taller propio
Patricia ha instalado su pequeño negocio en los alrededores del centro comercial El Recreo, sobre la Av. Maldonado. Va todos los días con excepción de lunes y jueves. El lunes compra material y los jueves, en cambio, tiene quehaceres personales. El resto de la semana acude entre las 16:00 y, máximo, 19:30.
Cuando un potencial cliente se detiene a ver sus obras, recita los precios de memoria: las gorras más chiquitas salen a $3, las de tamaño mediano a $5 y si se quiere mandar a confeccionar un buzo, eso cuesta $9, y el trato es que la persona le anticipe el 50% del trabajo.

Pequeñita, su fiel acompañante de labores.
“Es para mi perrita, Negrita”, dice Jezabel Salvador, quien es la segunda vez que le hace el gasto a Patricia. En la primera ocasión, llevó un gorro navideño y ahora, uno amarillo con negro, tipo abejita.
En cuanto a los tamaños de las cabezas de los perros, Patricia hace una precisión sobre el material: el tejido se expande y va cediendo de a poco.