La Ronda en Quito resiste por autogestión de sus vecinos
Esta calle es conocida por su música y poesía. Aunque fue restaurada, requiere de más impulso para mantenerse activa y vistosa

La venta de artesanías y comida, ocupa gran parte de las actividades de los locales.
La parte difícil de acceder a la Ronda, en el centro histórico de Quito, está en cómo hacerlo sin llevarse sustos, malos ratos o ser víctimas de asaltos. Quienes trabajan aquí hacen sus mayores esfuerzos para que el turismo continúe y la calle no desfallezca.
Ejemplos de ese impulso que apunta a la mejora del barrio son Edwin Terán y Juan Carlos Mendoza, ambos comerciantes.
Terán llegó a la calle La Ronda, cuyo nombre oficial es Juan de Dios Morales, motivado por la reconstrucción que inició en 2006. Para el 2013, él y su familia se mudaron de su natal Otavalo, para emprender un negocio de artesanías, que iría creciendo.
“La idea es abrir para que no se vea el lugar deshabitado; si se ve esto vacío, se ve como inseguro, pero el hecho de abrir todos los días haya o no haya gente, ahí también es donde hay ambiente”, explica sobre su estrategia de atender siempre, de 09:00 hasta la media noche.
“También tenemos seguridad en el barrio, no necesariamente dependemos de la policía, con todo respeto de ellos, pero nos hemos puesto a mano propia”, describe.
Llegar a este punto ha sido una suerte de prueba y error. En el caso de Edwin le han robado y abierto su local, pero ahora ya cuenta con cámaras de seguridad, alarmas y radios Walkie Talkie para comunicarse de forma efectiva.

Edwin Terán ha debido implementar un circuito de cámaras de seguridad para reducir los asaltos.
La pandemia fue un desastre
El 2013, año en que llegó Edwin a La Ronda, lo recuerda como de gran apogeo y mucha más afluencia que ahora en 2026. El único momento en que tuvo que cerrar el negocio fue durante la pandemia.
Luego se repuso y su mayor reto fue embellecer su espacio, hacerlo atractivo, “Pusimos estas plantitas, las banderitas arriba, las luces, que se vea un ambiente bonito; lo bueno es que no nos han hecho problema”, comenta este otavaleño.
Algo similar le sucedió a Juan Carlos Mendoza, quien inauguró su local de empanadas y piqueos hace 16 años, pero tras la pandemia tuvo que cambiar de ubicación. Él calcula que son entre 70 a 80 emprendimientos los que funcionan a lo largo de esta calle.
“No nos dejamos morir porque la autogestión hace que le demos vida a la calle, porque para nosotros tampoco es fácil cerrar y dejar de trabajar”, cuenta Mendoza, quien continúa preparando la masa para sus empanadas mientras conversa.
Hay seguridad
La percepción general de quienes visitan este espacio es que están seguros. “Hace unos tres años sí era más jodido estar aquí; ahora está bastante fresco, estamos bajando y bajamos tranquilas, hay bastante gente”, menciona Kelly Rea, quien vive en el centro y trajo a dos amigas más para pasear por la zona.
La misma sensación compartía Óscar Vélez, quien llevaba ocho años sin regresar por esta calle y quiso que familiares, que venían de Estados Unidos, conozcan La Ronda.
“Hay dos cosas que me gustan de un lugar: que haya seguridad y vi muchos policías pasando, entonces eso me da tranquilidad; de ahí que sea peatonal, eso te permite tener más contacto con la gente”, agrega Vélez, quien llevaba su cámara fotográfica profesional colgada en el pecho.
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De la misma manera, Wilson Parra vino desde Bogotá con dos amigos más, a conocer este lugar empedrado y que parece detenido en el tiempo. “Lo que pasa es que queríamos conocer la Basílica y estaba cerrada; entonces como para un plancito dijeron: conozco La Ronda y vinimos acá”, añade Alexis Alarcón, originaria de Morona Santiago.

Los turistas aprovechan para hacerse una caricatura al paso.
La ruta Loma Grande
Desde Quito Turismo tienen trazado un plan para ir mejorando esta calle incónica. En mayo, se integra a las Rutas de la Ciudad, la de la Loma Grande. El trayecto que se plantea va desde la Plaza de Santo Domingo hacia La Mama Cuchara.
La idea es hacer peatonal este tramo y que los negocios puedan ocupar sus frentes de manera temporal en el Centro Histórico de Quito.
Esta propuesta iniciará en mayo y se hará el segundo sábado de cada mes, en horas de la tarde y noche.
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Para Christian Terán, creador de los recorridos Chulla Historia, para que La Ronda funcione al 100%, la Policía también debería dejar de usar esta calle como paso con sus camionetas. “Ahí los turistas deben hacerse a un lado, a pesar de ser peatonal”, indica.
La recomendación que él siempre da a sus grupos de turistas es que no ingresen al Bulevar 24 de mayo, que a pesar de ser aledaño a esta calle, suele ser peligroso.
La policía de turismo no detecta novedades

Además de la policía de turismo, hay servicio de guardianía privada contratada por los negocios de aquí.
Para estos primeros meses de 2026, la Policía que vigila este sector no ha detectado novedades de importancia.
Así lo sostiene el oficial Fernando Fustillos, jefe de soporte operativo de la Jefatura de Turismo de la Policía. “Hacemos un trabajo en cuanto a los habitantes de calle, personas que se encuentran libando, personas que se encuentran consumiendo sustancias sujetas a fiscalización, para que retiren de los atractivos turísticos”.
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Normalmente, el personal desplegado de la Policía de Turismo se ubica en lugares concurridos, como el Panecillo, las plazas, parques, aeropuertos y terminales. En 2025, parte de este equipo detectó a los ‘mostaceros’. Como describe Fustillos, esta táctica se trata de “embarrar a los turistas de una sustancia media amarillenta y proceden a limpiar y les proceden a hurtar las cosas”, comenta.
A pesar de que hay una oficina de la Policía de Turismo en La Ronda, dicen que no han recibido denuncias y lo que más hacen es ayudar con acompañamiento a turistas. “A través del código QR que estamos implementando, obtenemos resultados para los diferentes locales, ya que ellos nos mencionan que se sienten seguros”, relata Fustillos, quien delega a equipos de dos en dos para recorrer esta calle.
Lo complicado de encontrar parqueo seguro

Los vigialntes de carros recomiendan a los usuarios quedarse solo hasta la media noche.
Los que llegan en carro propio hasta este punto del Centro Histórico deben hacer un esfuerzo adicional por hallar parqueo. “Nos quedamos en la calle; nos hicieron subir a la vereda y estaban los guardias dando seguridad”, dice Alexis Alarcón, una turista llegada del Oriente.
Victor Guerrero es una de las personas que ayudan a vigilar carros en las calles. Cobra $1 a la llegada y $1 a la salida. Tiene 30 años trabajando por este sector, incluso cuando funcionaba el terminal de Cumandá.
Guerrero se ubica pasando el puente de Los Gallinazos y a esa altura, La Ronda pierde su afluencia. Dice que ese tramo que empata con la intersección de la Fernández Madrid y Joaquin Paredes, debería recuperarse. “Aquí los cómicos hacían teatro, presentaciones, era bien turístico”, recuerda. Eso se perdió tras la pandemia.
Mientras tanto, Óscar Vélez usó una aplicación para llegar y aún así no fue sencillo. “Fue muy difícil llegar porque no hay señalización de dónde parquear, entonces tuve que girar por muchas calles para poder acceder al parqueadero de aquí abajo, de La Ronda”, asegura.