¿Roblox en clases? Colegios enseñan a usarlo de forma segura
Docentes integran Roblox en actividades guiadas, combinando aprendizaje digital con prevención de riesgos en menores dentro de entornos virtuales seguros

Roblox puede ser una herramienta educativa si se usa con control y orientación.
El uso de plataformas como Roblox en entornos educativos ha abierto un debate clave en la formación de niños y adolescentes: cómo integrar herramientas digitales atractivas sin exponerlos a riesgos como el acoso, el contacto con desconocidos o contenido inapropiado.
En los últimos años, Roblox —una plataforma que permite crear e interactuar en mundos virtuales— ha sido señalada a nivel internacional por casos en los que menores han sido vulnerados en entornos digitales abiertos. Sin embargo, también ha sido vista como una oportunidad para innovar en educación.

Fish Game es la adaptación del Juego del Calamar en Roblox.
Algunas instituciones han optado por un punto medio, no prohibir, pero tampoco usar sin control.
Un uso guiado, no libre
En la Unidad Educativa Crear, el uso de Roblox no forma parte de la malla curricular, pero sí se ha aplicado en momentos específicos, siempre bajo supervisión docente.
Desde el área administrativa, la rectora Daniela Febres-Cordero explica que la decisión de incorporar esta plataforma nació de una necesidad pedagógica, conectar con los estudiantes desde su propio entorno digital.
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“Roblox fue en su momento una plataforma atractiva para los estudiantes. En educación, constantemente debemos adaptarnos a estas herramientas para captar su atención y darles un giro académico”, señala.
No obstante, enfatiza que el uso nunca fue libre ni improvisado.
“Siempre estuvo guiado por los profesores. Eso es sumamente importante, porque es una herramienta amplia y abierta. Sin acompañamiento, el riesgo es alto”, advierte.
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La institución incluso llegó a desarrollar experiencias como un concurso de spelling bee dentro de un metaverso propio, lo que evidenció el potencial educativo de estas plataformas.
Pero también marcó un límite.
Más allá de una sola herramienta
Con el cambio de enfoque pedagógico, la institución decidió dejar de trabajar formalmente con Roblox como eje tecnológico.
“La decisión no pasa por si Roblox es bueno o malo, sino por hacia dónde va la educación. Nuestra visión está centrada en formar estudiantes con pensamiento crítico, capaces de resolver problemas reales”, explica Febres-Cordero.
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Desde el área administrativa, también se analizan criterios clave antes de aprobar cualquier plataforma digital.
“El primer filtro es el ‘¿para qué?’. Luego evaluamos seguridad, manejo de datos, dónde se almacena la información. Si no hay garantías, no se implementa”, agrega.
Prepararlos, no aislarlos
Desde lo pedagógico, el vicerrector Guillermo Solórzano insiste en que el objetivo no es alejar a los estudiantes del mundo digital, sino enseñarles a enfrentarlo.
“No los queremos aislar de este entorno. Queremos que lo conozcan y aprendan a usarlo con criterio”, afirma.
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Según explica, Roblox se sigue utilizando en casos puntuales, como visitas guiadas o actividades interactivas, donde el docente acompaña el proceso.
“Hoy lo usamos para fines netamente educativos. Lo importante es que el estudiante entienda cómo usar la tecnología, no solo consumirla”, señala.
Además, destaca que este tipo de herramientas sí aportan al aprendizaje.
“Por supuesto que aporta. Enseñamos a usar la tecnología con un propósito pedagógico, no solo como entretenimiento”, sostiene.
Riesgos reales en entornos virtuales
Pero el uso de plataformas abiertas como Roblox no está exento de peligros. Casos reportados a nivel internacional han evidenciado situaciones de acoso, grooming y exposición a contenido inapropiado.
Desde el área psicológica, Alejandra Checa, del DECE, explica que estos riesgos son parte del contexto digital actual.

Plataformas abiertas requieren supervisión para evitar exposición a riesgos.
“Los riesgos existen, pero nosotros trabajamos desde la prevención. Desarrollamos habilidades cognitivas, sociales y emocionales para que los estudiantes sepan tomar decisiones”, indica.
Uno de los pilares es el pensamiento crítico, que se trabaja desde edades tempranas.
“Desde pequeños, los estudiantes aprenden a identificar situaciones incómodas y a saber cómo actuar”, añade.
Protocolos claros ante el acoso digital
La institución cuenta con protocolos específicos ante posibles casos de violencia digital o acoso.
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“Los estudiantes saben que deben poner un límite. Si eso no funciona, deben acudir a un adulto de confianza, ya sea un padre, un docente o el DECE”, explica Checa.
Además, se trabaja en normas de comportamiento digital, conocidas como “netiqueta”.
“No porque estén en un entorno virtual significa que pueden comportarse de cualquier manera. Se les enseña a comunicarse con respeto, incluso en detalles como el uso de mayúsculas o emojis”, señala.
El rol clave de los padres
Uno de los puntos más reiterados por los especialistas es la corresponsabilidad.
“El acompañamiento no es solo de la escuela. Los padres cumplen un rol fundamental en supervisar el uso de estas plataformas”, enfatiza Febres-Cordero.
Checa coincide:
“Cada familia tiene sus propias normas. Hay quienes permiten redes sociales y quienes no. Lo importante es que haya supervisión y comunicación”.
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Incluso se capacita a los representantes sobre tiempos de uso de pantallas, riesgos digitales y cómo abordar estos temas en casa.
Lejos de generar aislamiento, el uso controlado de herramientas digitales también ha permitido fortalecer la interacción entre estudiantes.
“Ellos crean su propia comunidad educativa. Se apoyan, se recuerdan tareas, se organizan. Eso es positivo cuando está supervisado”, explica Checa.
El reto: educar en un mundo digital
Actualmente, la institución apuesta por un ecosistema digital más amplio, con herramientas como plataformas educativas, diseño gráfico y aprendizaje interactivo.
El mensaje es claro: la tecnología no es el problema, sino su uso.
En un contexto donde los menores están cada vez más expuestos a entornos digitales, el desafío no es prohibir plataformas como Roblox, sino enseñar a utilizarlas con criterio, límites y acompañamiento.
Porque, como coinciden los expertos, el mundo digital no se puede evitar, pero sí se puede aprender a habitar de forma segura.