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Cortejo fúnebre precedió masacre en Guayaquil: "Parecía La Purga, mataban sin piedad"
Los delincuentes vestían ropa militar y portaban fusiles. Una de las seis víctimas de la matanza era cristiano evangélico y vendedor de cocos
Una semana antes de su asesinato, Ángel Gruezo Ayoví les contó a sus allegados que había tenido un sueño que lo dejó inquieto: se veía predicando la palabra de Dios en una calle de Guayaquil, vestido con una túnica. La escena, dijo, le provocó un sentimiento de angustia, por lo que decidió compartirla durante un almuerzo con sus ‘hermanos’ de la iglesia evangélica donde se congregaba, al noroeste de la ciudad.
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“Nos dijo que el sueño le parecía como una premonición y que el día que le tocara morir, le gustaría hacerlo alabando a Dios. Cuando los criminales comenzaron a disparar, él levantó sus manos al cielo, luego se agachó para cubrir con su cuerpo a su hijo y no dejó de orar”, relató una amiga de la congregación.
Ángel, oriundo de Esmeraldas y de 46 años, fue una de las seis víctimas mortales de la matanza perpetrada la tarde del domingo en la cooperativa Trinidad de Dios, en el noroeste de Guayaquil.
Según la Policía y moradores de este sector que es parte del distrito Nueva Prosperina, el cual ya contabiliza 446 asesinatos desde el 1 de enero hasta ayer 11 de agosto, el ataque fue ejecutado por delincuentes que llegaron a bordo de tres camionetas blancas y dos motocicletas tipo Tornado. Vestían ropa similar a la que utilizan militares.
Las otras víctimas mortales fueron identificadas como María Fernanda Calvas Sevillano (de 33 años), Jonathan Joel Suárez Mendieta (28), Oliver Gerardo Quintero Casquete (36), Alexander Fernando Canelos Zambrano (25) y el ciudadano venezolano José Alberto Camacaro Corrales (36 años).
En el hecho también resultaron heridas siete personas, entre ellas el hijo de Ángel, de 18 años, quien permanece con pronóstico reservado, y un adolescente de 16 años.

El último día de Ángel
La esposa de Gruezo, entre lágrimas, contó que él salía todas las mañanas desde su domicilio, ubicado a pocas cuadras de donde ocurrió la matanza, acompañado de su hijo mayor para vender jugos de coco. Solían regresar antes de las cinco de la tarde para acudir al templo cristiano.
“Yo lo acompañé un rato en la mañana, pero luego me retiré. Mi esposo se quedó trabajando y su hijo también. Quizás, si me hubiera quedado con ellos, también estaría muerta. Ellos no pudieron correr, no tenían a donde hacerlo. Todo fue tan rápido que lo único que hizo mi esposo fue proteger a su hijo e intentar salvarle la vida. Era un hombre trabajador, tenía más de 20 años sirviendo a Dios”, manifestó la viuda.
Otra familia de luto
La madre de María Fernanda narró que su hija había asistido al cumpleaños de su primo Oliver, celebrado el día anterior. Aunque la mayoría de los familiares se retiraron temprano, ella se quedó un poco más, por lo que su primo la llevaba en moto hacia su casa cuando fueron alcanzados por las balas. El hijastro de Oliver, Jonathan Suárez, también murió.
“Mi hija deja tres niños pequeños. Trabajaba como secretaria”, mencionó la mujer mientras esperaba en los exteriores del Laboratorio de Criminalística la entrega de los cuerpos.
Al mismo lugar llegaron la madre de Jonathan y la esposa de Oliver, quienes lamentaron que todos fueran víctimas colaterales. “No tenemos nada que ver con ninguna banda”.

“Una película de horror”
Moradores describen el ataque como una escena de terror.
“Parecía la película ‘La purga’, en la que dan una hora para matar a quien sea. Al escuchar los tiros, nos metimos debajo de las camas. No sabíamos en qué momento iba a parar todo. Comenzaron a disparar desde una esquina donde hay una tienda y terminaron en la calle principal, ahí mataron al vendedor de cocos (Ángel), un señor muy conocido en el barrio. Los delincuentes portaban fusiles”, contó un vecino.
Otra residente dijo que, al inicio, al ver las camionetas y las motos pensaron que se trataba de un operativo de las fuerzas del orden, ya que un día antes hubo uno cerca del sector. “Nunca imaginamos que eran delincuentes vestidos de militares, hasta que comenzaron a disparar como locos”, indicó la mujer, que pidió mantener su nombre en reserva por temor a represalias.
Hipótesis de la Policía
De acuerdo con información preliminar de la Policía, el hecho estaría relacionado con una disputa de territorio entre grupos delictivos. Minutos antes del ataque, varios presuntos integrantes de la banda Los Águilas habrían pasado por la zona trasladando un féretro hacia un cementerio. El ataque habría sido perpetrado por presuntos miembros de Los Tiguerones.
En la escena, Criminalística levantó 70 vainas percutidas calibre 9 milímetros y 2.23, dos cartuchos y una bala deformada. Un vehículo robado fue hallado en Socio Vivienda, pero no se logró vincularlo directamente al crimen. Hasta el momento no se reportan detenciones. (AEB)