Ser fan del encebollado, una de cualidades del 'buen guayaco'
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Ser fan del encebollado, una de cualidades del 'buen guayaco'

Ser hincha de algún equipo del Astillero, manejar la jerga de la 'zona' y disfrutar del encebollado con chifle, son algunas de las pruebas para convertirse en guayaco. Sociólogos explican cómo es este proceso.

El encebollado de albacora es un plato insignia de los guayacos.
El encebollado de albacora es un plato insignia de los guayacos.Archivo / EXTRA

El guayaco es una persona alegre, divertida, directa… También es amante del fútbol, a la buena ‘jama’ y, ni que decir, de verse pinta con una buena ‘cachina’. Todas estas cualidades hacen que un guayaquileño de cepa sea identificado al ‘tiro’.

Así lo sostiene Homero Ramírez, exdirector de la escuela de sociología de la Universidad de Guayaquil, quien describe aún más al guayaquileño: “No le importa el qué dirán, es altivo en su conducta, se considera un ecuatoriano superior al resto y tiene su propia fonética”. Sin embargo, resulta interesante saber si alguien que no es del ‘manso Guayas’ pueda ser considerado guayaco.

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No obstante, el también sociólogo Manuel Murillo especifica que hay guayacos de nacimiento y de corazón. El entendido enfatiza en que una persona de otra ciudad o cualquier parte del mundo nunca será una guayaca de ‘carne y hueso’ por el simple hecho de no haber nacido aquí. Pero, por otro lado, Guayaquil acoge a sus extranjero de una manera tal que los hace sentir que sí pertenecen a esta tierra que antes era un pantanal.

Por su parte, Ramírez añade que también se pueden convertir en la medida que adopten de casi de manera natural la forma de vida y actuar de un guayaquileño, “Por lo general los que logran esto son ecuatorianos que nacieron en otro lugar, pero llegan tiernos a Guayaquil. Solo de esa manera pueden actuar como nativos, a pesar que en ciertos toques en su sonido verbal se descubra que tienen influencia de otras regiones del país”, indica.

Ninoska Zamora dice a EXTRA que ama a Guayaquil como su natal Manta. Estudió su carrea universitaria y, junto a sus compañeros de clases, aprendió a ‘dominar’ el léxico y la jerga de esta ciudad. “Al principio fue difícil entender algunos términos, pero conforme pasaron los años me fui adaptando más al medio y ahora me considero una guayaca más, sin desmerecer a mi tierra”, comenta la comunicadora social.

Y esto es lo que le pasa también a Dayanara Andrade. Realizó sus estudios desde 'pelada' en Guayaquil pero nunca dejó el "¡vea!" de su natal tierra verde. "Yo si me considero guayaca, pero por mis viajes constantes a Esmeraldas no pierdo el acento ni ciertas palabras como: 'vea' o,  cuando hay un problema, 'bororó'", comenta la ingeniera comercial, quien vive en el norte de la ciudad. 

Cuando el 'espíritu' guayaco anda suelto...

Según Murillo, el guayaco tiene un temperamento apegado a sus tradiciones. Hombres y mujeres, por lo general, son muy galanes, fieles a su gastronomía y tienden a adoptar cosas foráneas e inventarse nuevas palabras con ese toque muy original, y conservan un estilo de vida muy particular.

Para el profesional, la 'cosa' guayaca es como un 'espíritu' que pasa de generación en generación. Las costumbres, dice, se adquieren en el entorno familiar, pero el social  es el que hace que las personas que llegan a vivir en Guayaquil -con los años- se conviertan en guayacos adoptando este 'espíritu' del guayaquileño. Y eso va a depender el lugar geográfico donde se asiente el 'extranjero'.

Tanto Ninoska como Dayanara coinciden en que en las reuniones con sus amigos han aprendido la mayoría de términos y la forma de vivir guayacos porque con su familia es otro 'cantar'. "Cuando estoy con mi gente no me sale ser guayaquileña. Pero con mis amigos fluye", dice Dayanara.

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Y es que no es lo mismo ser guayaco del sur que del norte. ¿Cómo es esto? Ramírez afirma que los piropos, la jerga y la vestimenta son distintos a cada sector de la ciudad. Por ejemplo, dice el exdirector, el 'hablado' del sureño es un poco grotesco, ya que la mayoría que habita en el sur son grupos vulnerables.

"En cambio, los del norte acostumbran a vestirse de otra manera. Su dialecto es distinto pero utilizan ciertas 'quimbas' que les dan el toque guayaco", acota.

Las pruebas

Como lo dijimos, el guayaco tiene un paladar exquisito y este punto es crítico para ellos. ¿El motivo? Si a una persona no le gusta el encebollado no puede considerarse ni mucho menos convertirse en guayaco. "El guayaco es fiel a sus platos típicos. Sencillo: si no te gusta el encebollado no eres de Guayaquil", dice Murillo. Y si no te lo comes con chifle, puedes ser visto como 'del otro equipo'.

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Asimismo, Ramírez señala que si no es hincha de algún equipo del Astillero es difícil que sea aceptado como un guayaco de cepa. "Para el guayaquileño es importante encasillarse en algún equipo del Astillero. La mayoría prefiere Barcelona, pero si eres de Emelec eres digno para ser rival", agrega.

Así las cosas, como lo dicen lo expertos, a un guayaco se lo conoce hasta por el 'sabor' al caminar y la 'parada' se la puede identificar en cualquier parte del mundo. Pero lo que más tienen estos personajes, que los encontramos en las esquinas de cada sector,  es que son cálidos, alegres, siempre te sacan una sonrisa y sobretodo que son 'echados para adelante'.

Y como lo interpretó en su tiempo el cantante de origen colombiano pero de corazón guayaquileño, Jhonatan Luna, en su tema 'Me quedo en Guayaquil':  "Tengan cuidado turistas (...), se pueden quedar tentados a vivir en Guayaquil".