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Los forenses de...‘CSI Quito’

En Quito existe una escuela de Criminalística en la que se forman peritos forenses sin necesidad de ser policías o tener un título universitario. 

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El futuro perito Ismael Bermeo usa un hisopo para tomar muestras de sangre.HENRY LAPO

Hubo un crimen. Son las 10:27. El lugar de los hechos es en el Parque General Julio Andrade, en el centro norte de la capital. La camioneta de Medicina Legal se llevó el cadáver. Llegan cinco peritos para levantar indicios en la escena. Los curiosos se aglomeran para saber de qué se trata. Sin embargo, Ismael Bermeo, uno de los investigadores, les dice que solamente es la recreación de un asesinato.

Los cinco son estudiantes de la Escuela Mayor de Peritos en Criminalística Forense del Ecuador, la primera academia de estudios en la que se forma cualquier civil para esta disciplina, sin ser policía.

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El jurista y antropólogo peruano Francisco Mendoza es su director. Y en esta diligencia judicial hará el papel de fiscal del caso. Llama a su asistente y le pide que anote el nombre de los peritos que participarán en el procedimiento.

Son cuatro forenses de inspección técnica ocular y un perito fotógrafo. Luego Mendoza pregunta si todos creen en Dios. Responden que sí. El fiscal les pide que levanten la mano derecha. Pregunta: “¿Juráis por Dios y la patria hacer técnicamente su trabajo pericial forense encomendado en este acto?”.

“¡Sí, juramos!”, responden los estudiantes al unísono...

Durante la investigación

Bermeo es el perito coordinador de la diligencia. Se acerca a la silueta del cadáver. Observa un objeto junto a este y, desde allí, mide tres metros a la redonda y hace un cuadrado con una piola. Explica que es el cuadrante en el cual solo podrán estar los investigadores levantando los indicios. “Si alguien más se acerca contaminaría la escena y no serviría ninguna acción que se tome”.

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Los peritos se preparan para recoger evidencias en la escena del crimen.HENRY LAPO

Por eso, para cerciorarse de que los curiosos ni la prensa se acerquen le pide a la perito Jéssica Caguano que ubique otro cerco, a tres metros de distancia del cuadrante.

Luego los peritos se colocan guantes de látex, trajes de bioseguridad, marcadores alfanuméricos y los implementos que necesitan para levantar evidencias.

Bermeo detalla que, para ser efectivos en la búsqueda, utilizan un método denominado ‘espiral’, que consiste en rastrear indicios dando vueltas desde la parte exterior hasta llegar al cadáver. Para esto utiliza una linterna con luz verde que “permite encontrar partes orgánicas, como cabello o sangre”.

Mientras recorre el césped, Bermeo recuerda que quiso hacerse perito porque estudia Psicología y durante los primeros semestres aprendió, a breves rasgos, cómo funciona la mente de un criminal.

El joven, de 22 años, encuentra un conjunto de llaves cerca de donde estuvo el cadáver y coloca un marcador con el número 1. En una ficha anota que dicho objeto está a 10 centímetros del cuerpo.

Su compañera Caguano le avisa que encontró otra evidencia. Se trata de restos orgánicos: sangre. La estudiante indica que este tipo de rastro, al ser de un humano, se debe marcar con un fijador alfabético y coloca uno con la letra b. Ella estudia Publicidad, pero siempre le gustó el ámbito de la Criminalística, desde que veía series televisivas como CSI Miami. Dice que quiere especializarse en balística.

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El perito fotógrafo es clave en la escena del crimen. No hay muchos en el país.HENRY LAPO

Con las evidencias identificadas es el momento de registrarlas con una cámara y entra en acción Cristian Pineda. Él es fotógrafo profesional y sigue este curso porque quiere ampliar sus conocimientos en la rama que domina. Dice que siempre se aprende algo nuevo. “No es lo mismo que hacer fotografía artística o publicitaria. Aquí existen implicaciones legales”.

Finalmente, el perito Thomas Caicedo levanta las muestras, metiendo la evidencia en recipientes que son sellados y luego llevados en cadena de custodia.

Él es paramédico y siempre tenía incertidumbre de qué pasaba detrás de cada accidente al que asistía, o si era víctima o victimario la persona herida a la que atendía. Eso lo llevó a formarse en esta escuela.

Todo el trabajo realizado por los investigadores es apuntado por Gissela Verdesoto, quien pide una fotografía final de la escena para que quede constancia.

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Ella es del cantón Puerto Quito –noroccidente de Pichincha– y es asesora comercial y de belleza. Su pasión por la Criminalística es desde pequeña. “Nunca tuve miedo a una escena del crimen”. Ahora quiere obtener la placa de perito para tener ingresos extras.

El objetivo de la academia
es formar nuevos investigadores forenses que colaboren en las diligencias de un delito. Según su director, Francisco Mendoza, en Ecuador hacen falta peritos fotográficos. Añade que esta es una oportunidad para que los jóvenes hallen un trabajo que los motive.

La formación

Mendoza, el director de la escuela, recuerda que durante una charla en la Universidad Central, un estudiante de Jurisprudencia le preguntó si podía ser forense sin pertenecer a la institución policial. Y Mendoza dijo que sí.

Según el Reglamento del Sistema Pericial Integral de la Función Judicial, los futuros peritos deben ser calificados por el Consejo de la Judicatura. Existen cuatro requisitos para ser uno de ellos:ser mayores de edad; ser conocedores en la profesión para la cual soliciten calificarse; tener al menos dos años de práctica o experiencia; y no registrar antecedentes penales.

Sin embargo, Mendoza dice que los peritos actuales no quieren a más “porque no se capacitan y no quieren competencia”.

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Esto lo corrobora Luisa Pardo, estudiante de Jurisprudencia y quien obtuvo su calificación como perito forense en la Judicatura luego de estudiar en la academia de Mendoza. Ella cuenta que cuando fue a dejar su carpeta en la entidad para que le calificaran, la primera pregunta que le hicieron fue: “¿Usted es policía?”.

"La escuela de peritaje me sirve para complementar mi profesión de Derecho. Mi objetivo es internacionalizarme como forense”.
​Luisa Pardo, perito en dactiloscopia

Recuerda que mientras estudiaba en la academia y llegaban los días de prácticas, los policías que participaban en las mismas los desmotivaban. “Nos decían que perdemos el tiempo, que no lo lograríamos y que solo es para ellos”.

La mujer, de 26 años, es perito desde octubre de 2020, pero todavía no la han llamado para una diligencia legal. Ella forma parte de la base de datos de peritos de la Función Judicial, pero considera que hay ‘padrinazgos’ en las entidades “en las que eligen a conocidos, dañando la profesión”.

En la Escuela Mayor de Peritos en Criminalística Forense del Ecuador se aprende a levantar evidencias en una escena del crimen hasta determinar la falsificación de una firma. Tiene 12 módulos y cada uno dura un mes. En este tiempo, los estudiantes aprenden en dos facetas: científica y práctica.

Además, deberá dominar los procedimientos y protocolos de un peritaje antes de salir al campo. Utilizan herramientas especiales durante la simulación de delitos.

Mendoza añade que el objetivo de la escuela es formar más peritos que puedan colaborar en las diligencias judiciales y brindar una oportunidad de trabajo a jóvenes.

Estefany Herrera lleva ocho meses en la escuela. Estudia Psicología y sus padres son profesionales en esta rama. Ellos le suelen contar casos de menores de edad que son abusadas sexualmente y eso la motivó para seguir esta carrera. “Quiero dar mi granito de arena para que disminuyan los femicidios y los delitos en contra de la mujer”.

Los estudiantes limpian la escena, se llevan la evidencia y en los próximos días deben entregar el informe pericial al director para pasar al siguiente módulo.